Documento Archivo Historico

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Archivo Historico de Cúllar. Siglo XVIII

domingo, 21 de abril de 2019

Los Baños Árabes de Cúllar y la histórica Fuente de Al Chimuza.

  Con motivo de la reciente recuperación y reforma del entorno de los Caños de Al Chimuza, el Ayuntamiento de Cúllar me solicitó alguna información histórica sobre esta fuente cullarense y sobre su pasado más reciente, solicitud a la que respondí gratamente con este pequeño texto, que hoy día aparece, en forma de panel y junto a los caños referidos, para información de vecinos y visitantes.
Adrián Castillo Fernández


                Breve historia de los  Caños de Al-Chimuza

Los Caños de Al-Chimuza formaban parte de la red de fuentes y abrevaderos públicos existentes en la Villa de Cúllar, desde tiempo inmemorial, y que junto con la Fuente de la Tejera, el Caño del Cencerro (junto al antiguo Lavadero) y los Caños de San Sebastián, conformaban los principales nacimientos de agua dentro del casco urbano de Cúllar.

En el caso del Caño de Al-Chimuza, éste se encontraba situado en el Pago y Calle del Baño, debido a que este manantial eran la principal fuente de agua del antiguo Baño Árabe de la Villa o hamman, y que surtía del preciado elemento a este edificio musulmán, lugar de reunión, descanso y relajación.

La referencia más antigua a estas aguas y al Paraje del Baño árabe de Cúllar, la encontramos en el Siglo XV, concretamente el 28 de Julio de 1492, cuando D. Enrique Enríquez, Alcalde y Justicia Mayor de la recién conquistada Ciudad de Baza y su Tierra, y a la par, tío del Rey Fernando el Católico, lo adquirió para sí mismo, levantando acta de la toma de posesión del Baño de la Villa:

“E tomo propiedad e señorío de él, echo fuera a Alí Hoayçi e a Fotó, moros bañeros, vecinos de la dicha Villa de Cúllar, y en señal de la dicha posesión del dicho Baño, cerró la puertas principales de dicho Baño, y estando así dentro cuanto quiso, paseándose por el e faciendo actos de posesión, abrió las puertas e dijo que se apoderaba e apodero civil e corporalmente de la dicha tenencia e juro del Señorío de dicho Baño”.

Desaparecidos los baños, el lugar se transformó en fuente pública y abrevadero para los animales de carga, ganados  y caballerías, por su cercanía a la Vega cullarense, y por ser sitio habitual de paso de vecinos y viajeros que transitaban por el Camino Real de Granada a Murcia.

A mitad del Siglo XVIII, concretamente en 1755, el lugar se encontraba muy deteriorado, y el Ayuntamiento de Cúllar decidió realizar obras para sanear todo el paraje: “Y en cuanto a que el Pilar de El Baño se halla muy deteriorado, así que las aguas están entretenidas y se van por otros conductos, y todo son lapacheros y charcos. Acordaron Sus Mercedes, se ponga en ejecución dichas obras, y se pague los Maestros que se necesite, mandando traer caleras, yeso y piedras a fin de que se haga con la brevedad posible, y concluidas dichas obras se pondrá lo siguiente: Esta obra se ha hecho a costa de los vecinos de esta Villa de Cúllar, con día, mes y año de su conclusión, siendo Gobernador de dicha Villa y Capitulares los que componen su Concejo”.



(Fotografía mas antigua de los Caños de Al Chimuza, realizada en 1914 por D. Manuel Velázquez de Castro y Echevarri, facilitada por su nieto José Velázquez de Castro y García)


Ya en el Siglo XIX, y tras la terrible Epidemia de Cólera Morbo de 1885, que acabó con la vida de más de medio centenar de vecinos, el ayuntamiento cullarense, como medida sanitaria, determina realizar obras de ornato e higiene del lugar para evitar otro rebrote del cólera en la población:  “ Se aprueba el expediente de obras públicas municipales para la recomposición de las Fuentes Públicas del Cencerro, San Sebastián y Alchimuza, que se encuentran en muy mal estado, y que es preciso arreglar antes el verano para evitar en lo posible la reproducción de la Epidemia de Cólera del año pasado.”

El aspecto actual, y más reciente, de esta histórica Fuente y Abrevadero, con su muro de piedra, es de mitad del Siglo XX, cuando en 1955, y dentro proyecto de urbanización, saneamiento y acceso a esta población desde la nueva Carretera de Murcia a Granada en este sitio, el Ayuntamiento aprueba “la construcción de un muro de contención en la Calle del Baño, de 34 metros cúbicos de mampostería con el correspondiente enfoscado de cal, grasa y cemento en 48 metros cuadrados, así como el movimiento de tierras hasta su terminación , sobrepasando en su altura al referido muro 50 centímetros el nivel de la Calle Baño, así como la pavimentación de la Calle denominada Alchimuza, con 128 metros cuadrados de empedrado, más 12 metros lineales de embovedado, hasta su terminación en el arranque de la vía de acceso a esta población y en la travesía de la Carretera Jerez a Cartagena y sitio conocido por Alchimuza.”

Finalmente, con la llegad del agua potable a las casas de todo el vecindario, en los años 70 del Siglo pasado, sumado a la continua desaparición de los animales de carga y caballerías del mundo rural, y para evitar problemas higiénico-sanitarios con las aguas de esta fuente inmemorial, el caño fue clausurado, y el vetusto abrevadero desapareció del casco antiguo de la población.

Así permaneció oculto y olvidado hasta su recuperación histórica y patrimonial en la primavera del año 2019.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Guerra de la Independencia en Cúllar: La Larga Marcha de Mayo de 1812

Durante la Guerra de la Independencia Española, la Villa de Cúllar, como casi todo el resto de localidades de la Comarca de Baza y Huéscar, sufrieron la dominación de los Ejércitos Napoleónicos durante espacio de dos años, desde la primavera de 1810 en que las tropas del General francés Horace Sebastiani llegaron por primera vez al Altiplano Granadino, hasta septiembre de 1812 en que tuvo lugar la retirada definitiva del Ejército Francés de toda Andalucía.


(General francés D. Horace Sebastiani)

Durante todo ese periodo, Cúllar, al estar situada en el Camino Real de Granada a Murcia, fue liberada temporalmente varias veces, gracias a las diversas ofensivas de las Tropas Españolas que se encontraban acantonadas en el vecino Reino de Murcia.

Una de las más importantes acciones del Ejercito Español, fue la que tuvo como objetivo la toma de Baza y la expulsión de los franceses en retirada hasta la Venta del Baúl, donde se hicieron fuertes debido a lo escarpado del terreno y la oposición de las tropas enemigas procedentes de Guadix y Granada.

Ante la imposibilidad de continuar con la ofensiva, el responsable máximo de la vanguardia española, el General de Caballería Don Manuel Freire, decidió a primeras horas de la noche del 17 de mayo de 1812, proceder a la retirada de sus tropas hacia Baza y Cúllar, toda vez que la presencia cada vez más numerosa de soldados franceses, hacía imposible mantener por más tiempo aquella posición.


(General D. Manuel Freire de Andrade y Armijo)

A las 12 de la madrugada de aquel día mandó abandonar sus posiciones sobre el Barranco de la Venta del Baúl, y de manera silenciosa y escalonada, los regimientos españoles emprendieron una larga marcha, que les haría recorrer, en tan solo 36 horas, las más de 20 leguas,  casi 100 kilómetros, que separan dicho lugar de la villa de Vélez Rubio.


(Mapa de la época donde se puede visualizar el recorrido realizado por las Tropas Españolas.)

Esta es la epopeya que vivieron aquellos esforzados héroes anónimos de la Guerra de la Independencia, durante los dos incansables días de marcha a pie y a caballo, con las tropas francesas pisándoles los talones y atacándoles continuamente desde la retaguardia. El resultado más de 20 soldados y oficiales españoles muertos, tres centenares de prisioneros en manos francesas, y casi un millar de dispersos o desaparecidos, la mayoría de ellos después de enfrentarse en el Barrio de las Eras de Cúllar al ejercito invasor.

Este es el Parte Oficial de Guerra redactado semanas más tarde por el Cuartel General del 3er. Ejército, con base en Lorca, de esta incursión y posterior repliegue de las fuerzas españolas.
  
  Parte de Guerra referente al movimiento ejecutado por la División de Vanguardia al mando del General D. Manuel Freire en el domingo 17 del actual y ocurrencias en el día de esa jornada:

 “A las 12 de la noche se puso en retirada desde la línea de la Venta del Baúl, la sección de Infantería con dos piezas de Artillería ligera, y a la media hora después de aquella la emprendió la Sección de Caballería  que constaba de 460 caballos.

A la madrugada pasó la Infantería por Baza, y a las 5 y media de la mañana llegó al Río de Baza donde hizo un pequeño alto, siguiéndole la Artillería sin detenerse para Cúllar, escoltada por el 2º Regimiento Provisional de Caballería. Después de pasar el Río la Infantería y cuando principiaba a subir por los recodos o callejones que forman las alturas de uno y otro lado del camino, se veían por Cuesta Blanca, una legua distante de Baza, la tropas francesas que se acercaban a todo galope.

 Al subir al llano nuestra  Infantería, vieron que ya salían las guerrillas enemigas de Baza, entre tanto el grueso de su Caballería se acercaba al nuestro Regimiento al trote y cayendo sobre nuestras columnas, que algunas se hallaban en movimiento para pasar el Río y desfiladero inmediato y otras estaban en su entrada o embocadero, se introdujo el desorden en nuestra retaguardia, que defendiendo a los Cuerpos que se hallaban marchando, resulto parte de ella prisionera., tomando varias direcciones sobre los flancos los que quedaron atrasados del enemigo y pudieron no caer en sus manos.




En este estado el Mariscal de Campo D. Manuel Freire, dispuso que las tres Compañías del Regimiento de las Alpujarras que venían a retaguardia de la columna de Infantería tomasen posición en las pequeñas alturas sobre el camino, y a media legua de distancia del Río, lo que visto por el enemigo se contuvo y dio lugar a ordenarse nuestra Caballería, que en la Venta del Peral se reunió con la Sección de Infantería, continuando esta su marcha con el mayor orden hasta Cúllar, donde hizo alto y tomó posiciones.

La Caballería llegó a la Villa de Cúllar a las 9 y media de la mañana y formó en batalla en las alturas que dominan el pueblo y sobre el Camino Real que va a Vertientes.

A las 3 de la tarde, reforzados los enemigos con su Infantería, principiaron a marchar para atacar el pueblo de Cúllar, por cuya razón emprendió la retirada nuestra vanguardia en dos columnas, la 1ª compuesta de los Cuerpos de Caballería y la 2ª de los de Infantería dividiéndose en dos diferentes direcciones, esta última por el camino de herradura que corre inmediato a las Sierras del Periate, y la otra por el de Orce y María viniendo a reunirse a la legua de Cúllar los dos caminos.

Luego que los enemigos entraron en Cúllar, se extendieron rápidamente por el Camino de Vertientes, cogieron algunos carros que llevaban 2.000 raciones de pan y alguna cebada. La Compañía de Cazadores de Alpujarras cuándo se retiraba a incorporarse a su Cuerpo, se halló con los enemigos en la Eras del pueblo y en ese encuentro fue dispersada y parte prisionera.

Los enemigos siguieron con guerrillas a los nuestros y  se dejaron ver escuadrones que marchaban en prolongación de su flanco izquierdo en dirección a Orce, con el objeto al parecer de seguir la marcha que llevaba nuestra Artillería.

A la legua de Cúllar, hizo alto nuestra Caballería para esperar a la Sección de Infantería que bajase y atravesase una pequeña llanura, verificado, se puso aquella en movimiento por escalones, destacándose la Brigada de Carabineros Reales y el Escuadrón Alejandro Farnesio para conservar el flanco izquierdo que estaba amenazado por la Caballería enemiga.

En las Vertientes hicieron alto las dos armas y descansó la tropa por espacio de dos horas, al llegar la noche se emprendió la marcha descendiendo el Camino Real para Vélez Rubio, llegando a media noche al Chirivel, donde se hizo un alto de hora de hora y media, y prosiguió sola la Infantería.

Al salir el sol del siguiente día, lunes 18, prosiguió su marcha la Caballería al citado punto de Vélez Rubio, donde llegó a las 8 de la mañana y encontró allí a la Sección de Infantería que lo estaba desde las 6 de la misma”.

Días después se publicó el Listado oficial de bajas, prisioneros y dispersos. Durante aquella larga marcha fallecieron 20 soldados y oficiales, más de 300 fueron hechos prisioneros, mientras que 969 huyeron y fueron catalogados como extraviados o dispersos. Se perdieron también mas de 200 caballos.


(Parte Oficial de Bajas Ejército Español)
Fuente: Archivos PARES

El 22 de mayo, y desde Lorca, el General Freire explicaba en su propio informe militar los motivos de tantos hombres desaparecidos.

“Las causas de esta disminución no puedo atribuirlas sino al cansancio del soldado, a su mal calzado, a la oscuridad de la noche, a la facilidad con que son acogidos en los pueblos, como hijos del País, y a la esperanza de mejorar su suerte en las Partidas donde los trabajos y riesgos son menos, y mayor la libertad e indisciplina.
Me he convencido que los Jefes de Cuerpos y el Brigadier Luis Michelena, y los Oficiales de Estado Mayor han trabajado con el mayor celo, pero es imposible contener a los soldados que en la oscuridad escogían el momento de evadirse entre arboledas y matorrales; el no haber comido rancho el 17 fue también una razón para su desfallecimiento, y el haber andado por los montes y peñascales con una ligera alpargata, y sin el menor resguardo, desnuda la pierna, ocasionó vejigas, hinchazón y aún heridas en crecido número de soldados, lo cual les inutilizó para seguir el movimiento.”




Sirva desde aquí nuestro recuerdo a aquellos esforzados hombres que, heroicamente y sin apenas vestuario y pertrechos, fueron protagonistas de aquella infatigable y larga “Gran Marcha”.

martes, 5 de septiembre de 2017

Don Nicolás Antonio Gómez del Pozo: Santa Inquisición y Poder en la Villa de Cúllar durante el Siglo XVIII.





A menudo cuando paseamos por el casco histórico de Cúllar, solemos no prestar atención a lugares o rincones que guardan tras de sí ocultos pasajes de nuestra historia local.

Este es el caso de la antigua casa solariega que ocupa el nº12 de la actual Calle Mayor (antigua Calle Real), y que es un claro exponente de la arquitectura levantino-granadina, de inspiración neoclásica, del tercer cuarto del Siglo XVIII.

(Vista parcial de la Calle Mayor y  Porche, al fondo la casa nº12)

Si nos fijamos detenidamente, observaremos sobre el dintel de la puerta principal un escudo en piedra, donde aparecen símbolos como una cruz con espinas en la parte central, a la derecha una espada y a la izquierda una rama, que representa un olivo. Abajo y cerrando el escudo, encontramos una granada, en clara referencia el antiguo Reino de Granada.





Y ahora, en un ejercicio de comparación artística, observemos con detalle este otro escudo, extraído de una ilustración del Siglo XVIII. 



Efectivamente, son el mismo escudo genealógico, y ambos representan el emblema original del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición del Reino de Granada.


¿Qué hace un escudo como este en un edificio histórico cullarense? ¿Quién o quienes construyeron y vivieron en esta mansión? ¿Por qué es tan similar al actual escudo del Ayuntamiento de Cúllar?

Todas estas preguntas, y algunas más, intentaremos contestarlas en el siguiente artículo que ha supuesto años de documentación e investigación, para ofrecer algo de luz en otro interesante pasaje de la historia de nuestro pueblo.

Las primeras referencias que tenemos a esta casa aristocrática, las encontramos en los datos que nos aporta el Catastro de Ensenada de 1752 respecto a nuestra localidad. En una de las relaciones de las casas que conformaban el casco antiguo de Cúllar, en concreto la de Polonia Marín, viuda, dice así: “Una casa en la Calle que llaman el Porche de Don Lucas Gómez”.

De inmediato nos pusimos sobre la pista sobre el referido Lucas Gómez, a la sazón Escribano de la Villa, y en el catálogo de sus bienes que aparece en el citado Catastro, encontramos la siguiente descripción: “Una casa en el Barrio de San Sebastián y Calle Real, con dos determinados, un pajar, una caballeriza y dos corrales. Tiene ocho varas de frente y treinta y dos de fondo, linda al Sur con la Calle Real.”

No había duda, por sus dimensiones y situación, podía tratarse de la actual casa nº 12 de la Calle Mayor. Ahora había que encontrar que relación guardaba el edificio con la Santa Inquisición. Y la respuesta nos la dio la documentación histórica, cuando encontramos en el Archivo de Protocolos Notariales de Granada, el testamento de uno de los hijos de D. Lucas Gómez del Pozo, que en su última voluntad hace referencia a su linaje y a sus empleos honoríficos: “Yo, D. Nicolás Antonio Gómez del Pozo, hijo legítimo de legítimo matrimonio de D. Lucas Gómez y Dª. Juliana Contreras, natural y vecino de esta Villa de Cúllar, Escribano de Número y Cabildo de esta dicha Villa, y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición de este Reino de Granada” (…)

Pero ¿Quién era D. Nicolás Antonio Gómez? ¿Cómo pudo acumular tanto poder y cargos, en la Villa de Cúllar, y en gran parte de la Comarcas de Baza y Huéscar durante la segunda mitad del Siglo XVIII ?

Este es el comienzo de la extraordinaria y  dilata vida de uno de los cullarenses más importantes de nuestra historia local.


(Unas de las primeras firmas del joven D. Nicolás A. Gómez)

Nicolás Antonio Gómez del Pozo y Contreras, nació en la Villa de Cúllar en 1725. Era hijo del escribano cullarense D. Lucas Gómez del Pozo y de Dª Doña Juliana Contreras Riquelme y Campuzano, está ultima natural de la Ciudad de Granada, del Barrio de San Matías.

D. Nicolás fue el segundo de los hijos que tuvo este matrimonio, su hermano mayor D. Torcuato Gómez, era siete años mayor que él, y como primogénito le correspondió continuar con el oficio de escribano familiar, hasta que debido su repentina muerte, el oficio recayó en D. Nicolás, tras su fallecimiento.

Los Gómez del Pozo representaban unas de las familias más importantes y acaudaladas de la época, naturales de Cúllar generación tras generación, se conjetura que pudieran ser descendientes de Luis Gómez y Álvaro Gómez, moriscos cullarenses de finales del Siglo XVI, que tras la expulsión ordenada por Felipe II, fueron de los pocos que pudieron quedarse en la Villa, toda vez que fueron nombrados Seises o Peritos repartidores, por su antiguos conocimientos del sistema de regadíos, tierras, derechos de pastos, caza, aprovechamiento de montes, etc…

Pero 120 años después, su supuesta “mancha de sangre” había desaparecido, toda vez que se habían integrado perfectamente en la nueva sociedad cristiana, ocupando, como veremos, notables puestos en la administración local y religiosa.

El padre de nuestro personaje, D. Lucas Gómez del Pozo, obtuvo en 1718 el nombramiento del Rey Felipe IV como Escribano de Número y del Concejo de la Villa de Cúllar. El oficio de Escribano de Número, los notarios de la época, era uno de los empleos públicos más demandados, tanto por el prestigio social que producía, como por los privilegios económicos y jurídicos que conllevaba. Además, como de Escribano del Concejo de la Villa, era también el encargado de asistir a las Juntas o sesiones del Ayuntamiento o Concejo y autorizar sus acuerdos o resoluciones, tal como lo es en la actualidad el Secretario Municipal.

D. Lucas Gómez ejerció de Escribano un cuarto de siglo, hasta que en 1743, y con 50 años de edad, por motivos que desconocemos, decidió renunciar al empleo a favor de su hijo mayor, D. Torcuato Gómez, a la sazón de tan solo 26 años, algo muy normal en aquellos tiempos, toda vez que el Oficio de Escribano era a perpetuidad, y se podía traspasar de padres a hijos.

Por su parte, el hijo menor y nuestro protagonista, D. Nicolás Antonio Gómez, como “segundón” de la casa familiar, tuvo que iniciar la carrera eclesiástica, carrera que fue bastante corta por los sucesos que vendrían después. En marzo de 1746, con 21 años, lo encontramos formando parte de los 15 eclesiásticos que conformaban el estamento religioso de Cúllar, como acólito en la Iglesia Parroquial.

Años después, en 1752, según los datos extraídos del Catastro de Ensenada, D. Nicolás aparece como tratante o agente “que comercia con caudal”, soltero, y viviendo en una casa con huerta de su propiedad, que tenía junto al Pago del Baño y Fuente de Archimuza.

Pero volvamos a la Casa Familiar. En ella vivía el anciano D. Lucas, ya viudo, acompañado de su hijo mayor, el escribano D. Torcuato Gómez. Este se había casado años atrás con Dª Isabel Romero y Baena, perteneciente a una de las familias más significativas de Cúllar en el Siglo XVIII. Pero de este matrimonio no hubo hijos, toda vez que la esposa murió muy joven, y el dicho Torcuato no volvió a casarse. Por su parte, y como era normal habitual, D. Nicolás Antonio contrae matrimonio, en 1755, con la cuñada de su hermano, Dª Antonia Romero y Baena, que sería su esposa hasta el final de los días. Desgraciadamente este matrimonio tampoco tendría descendencia, como veremos.

De repente, todo cambia para nuestro protagonista, cuando en el espacio de menos de dos años, fallecen su padre, primero, y posteriormente su hermano Torcuato, en el verano de 1756, de forma repentina. Automáticamente, Don Nicolás Gómez queda como único y universal heredero, por lo que todos los bienes, propiedades  e inmuebles de la familia pasan a pertenecerle, y entre ellos el Oficio de Escribano, que habían ejercido su padre y su hermano después.

Comienza a partir de ese momento el verdadero ascenso social de D. Nicolás Antonio. Un proceso que se prolongó durante toda su vida y que le llevo a ocupar diversos y sustanciosos empleos y cargos honoríficos, algo hasta entonces jamás visto en nuestra localidad, y en casi todo el Reino de Granada.



(Aspecto de la Casa de los Gómez del Pozo según una fotografía de principios del Siglo XX)

En las siguientes tres décadas acumuló  los siguientes nombramientos y prebendas, que le hicieron ser el hombre más poderoso de Cúllar en la segunda mitad del Siglo XVIII.

En primer lugar, como Escribano de Número y como Escribano del Ayuntamiento, por sus manos pasaba toda la documentación oficial que llegaba al municipio, a la vez que como notario público, tenía acceso a toda la información particular de testamentos, compra ventas, escrituras privadas y demás documentos que se generaban en su despacho de escribanía.

Además el Señor de la Villa de Cúllar, en aquel entonces, D. Tomás de Montenegro, residente en Cartagena, le había nombrado Administrador de todos sus bienes en la Jurisdicción (como anteriormente había sido su padre, D. Lucas) entre ellos:  “la casa principal del Señorío, la casa mesón que hay en la Plaza Pública, casa y tierras del Cortijo que llaman de Santa Bárbara, alias el Charcón, el Cortijo de la Cueva, el Cortijo de la Hinojodra y otro cortijo en el Partido de Vertientes, cuyos bienes pertenecen a dicho Mayorazgo.” Sin olvidar, que esto implicaba que D. Nicolás Gómez era también el administrador de las rentas y diezmos que cada año recogía el Señor de la Villa en todo el término municipal, de los vecinos y labradores, así como los impuestos de las Alcabalas, Tercias y Penas de Cámara, que suponían miles de reales cada año.

Por si estos empleos fueran poco, a estos cargos se les añadió el de responsable del Negociado de Montes de la Villa, nombramiento que obtuvo en 1766, merced a un despacho de la Intendencia de Marina de Departamento de Cartagena, a la que por entonces pertenecían todos los montes de la Jurisdicción cullarense, cuya madera se  utilizaba en la construcción de barcos y navíos para la Real Armada.  Este empleo le serviría para obtener importantes cantidades monetarias por las licencias de talas de árboles, y sobre todo, de las multas y denuncias por cortes ilegales de pinos y carrascas, tan habitual en aquellos tiempos, además de tener a su cargo a los temidos Guardias de Montes, verdadera policía rural de la época.

Pero no solo obtuvo durante su dilatada vida prebendas materiales, sino que D. Nicolás Antonio Gómez, supo también granjearse beneficios espirituales o religiosos. Sin duda durante sus años de formación eclesiástica consiguió establecer lazos de confraternidad con miembros del estado eclesiástico de la comarca y de fuera de ella, de esta manera logró ser nombrado Procurador Ecónomo y Síndico de dos de los principales conventos de los alrededores; el de los Padres Franciscanos Descalzos de Huéscar y el de San Antonio de Padua en Caniles. A la postre este nombramiento significaba gestionar y controlar todos los bienes económicos de dos de los principales conventos del Altiplano, a la vez que se le guardaban una serie privilegios y excepciones, como la de alojar soldados y gente de armas en sus casas, y la exoneración del pago de algunos impuestos y cargas concejiles.

Su fama de hombre respetable, piadoso y devoto, unido a todo lo demás, le sirvió para obtener el ministerio más deseado en aquel tiempo para un hombre como él, ser nombrado Familiar del Santo Oficio de la Inquisición en Cúllar.

Los Familiares de la Santa Inquisición, era personas laicas que ejercían en los pueblos y ciudades labores menores dentro del Santo Tribunal. Sin necesidad de tener ningún tipo de voto monástico ni ingresar en el clero, sus funciones eran las de informar de todo lo que fuera de interés para la institución y ocurriera dentro de la sociedad en la que estaban integrados, como una tupida red de espionaje o servicio de información, además de intervenir en la toma de declaraciones, diligencias inquisitoriales y arresto de reos. Se beneficiaban económicamente de sus delaciones, además de estar protegidos ellos mismos de una posible persecución por las mismas causas que informaban. Convertirse en Familiar era considerado un honor, ya que suponía un reconocimiento público de limpieza de sangre y llevaba además aparejados ciertos privilegios, entre ellos, que podían portar armas. Sin olvidar, por supuesto, el poder moral sobre el resto de vecinos que este cargo conllevaba.

Y aunque a finales del Siglo XVIII, la Inquisición de Granada nada tenía que ver ya con el ímpetu persecutorio de siglos anteriores contra herejes, judíos y moriscos, todavía formaba parte importante de la sociedad granadina y de su jerarquía social. En este sentido, hemos de decir en favor de D. Nicolás Gómez, que durante los años en que fue Familiar del Santo Oficio, no se produjo ningún procesamiento grave contra vecino alguno de Cúllar.

Con el paso del tiempo, todos estos cargos y empleos que llegó a ostentar el protagonista de nuestra historia, le valieron para acumular un importantísimo patrimonio en bienes y en dinero. 

En 1773, D. Nicolás Antonio Gómez aparece en los listados de repartimiento de las llamadas Rentas Provinciales, como el tercer hacendado de la localidad que más contribuía por su patrimonio y consumo a este impuesto real. Además, era propietario de diferentes cabañas de ganado lanar y cabrío, lo que le suponía ingresos extraordinarios por la venta de la carne, y sobre todo de la lana. En 1782, figura como el principal productor de lana de la Villa con más de 498 arrobas, casi el 30% de la producción total de todos los ganaderos cullarenses. Además poseía una importante yeguada de caballos, jacas y potros, así como de mulos y muletos.

Pero no solo era un próspero ganadero, ya que también, gracias a sus innumerables fincas en El Margen y en la Vega de Cúllar, era un afamado cultivador de viñas, que le generaban cada año más de 200 arrobas de vino del país, caldo que guardaba celosamente en las bodegas de su casa (bodegas que aún existen), y donde también disponía de una cabeza de alambique, para elaborar el apreciado aguardiente. 

Todo ello se completaba con lo que obtenía del alquiler de un horno “de pan cocer”, y del llamado Mesón de Abajo, ambos suyos propios, que se encontraban en las inmediaciones de la Placeta de San Sebastián, y que dieron nombre al popular Barrio Mesones de nuestra localidad.

Sobre cómo era realmente en su vida diaria y su forma de ser, poco sabemos, aunque sin duda representaba la mentalidad propia de la época en su manera de actuar y ejercer el descomunal poder que había conseguido. 

Como anécdota, podemos hacer presente el siguiente suceso que tuvo lugar en 1793, cuando ya anciano y achacoso había dejado de ser el Escribano del Ayuntamiento, pero aún intimidaba incluso a los peritos municipales a la hora de realizar las listas cobratorias del municipio: “Dijeron no podían aceptar el modo alguno dicho nombramiento de Peritos para el Repartimiento de Impuestos, por cuanto, de muchos años a esta parte, se había hecho el Repartimiento en las casas de D. Nicolás Gómez, siendo su voluntad señalarse la cuota que se le antojase a dicho señor, lo que se le ha tolerado por su poderío y temor a sufrir un pleito costoso. Por lo que se excusan de cumplir con el referido nombramiento de Peritos en el ínterin que dure el miedo y el temor al expresado Gómez, y cobardía de estos vecinos a no exponerse a perder y gastar sus cortos bienes en disputas.”

Aunque en los últimos años de su existencia, todo apunta a que se volvió más tolerante y conciliador, sobre todo a raíz de la llegada de las ideas reformistas que trajo a nuestro país la llamada Ilustración Europea. De hecho, D. Nicolás Antonio Gómez, aparece como miembro fundador de la Sociedad Económica de Amigos del País de Baza, un organismo creado al amparo de las Leyes ilustradas de la época, y que pretendía modernizar España a través del fomento de la agricultura, el comercio, las artes y la educación de las clases populares.

Pero sin duda, su última gran voluntad, junto con la de su esposa, Dª Antonia Romero, fue la constitución de un patronato para el establecimiento en Cúllar de una Cátedra de Latinidad. Este tipo de centros educativos de enseñanza secundaria o preuniversitaria, permitían acceder a los conocimientos de latín y gramática necesarios para emprender los estudios superiores en las universidades. 

En nuestro localidad tan solo existía un Maestro de Primeras y Segundas Letras, por lo que los alumnos aventajados, cuyas familias no disponían de recursos económicos, se veían obligados a abandonar los estudios en sus primeros años. Con este objetivo, el matrimonio formado por D. Nicolás y Dª Antonia, dispuso en su testamento la creación de este patronato, así como los fondos necesarios para su constitución:

“Declaro, que a nombre de ambos y al tiempo de mi disposición testamentaria, ordené se fundase y dotase en esta Villa de Cúllar, una Cátedra para Precepción de Gramática, con el plausible objeto, de que los naturales de ella y forasteros circunvecinos y comarcanos tuviesen educación, sin el gravamen y riesgo que a que están sujetos los padres, parientes y deudos, cuando se ven en la precisión de ponerlos en otro pueblos a pupilos, en que se experimenta, que de los pocos que salen, se pierden y extravían algunos, con notable perjuicio, por falta de medios para pagar Pupilaje y Preceptor. Y con reflexión de que esta Villa se compone de un crecido vecindario, más de 800 moradores en cortijos y en la población, establezco y fundo para siempre jamás en esta dicha Villa, la Pía Memoria de una Cátedra de Gramática, asignándole para su dotación y sustento del maestro Preceptor, 300 ducados en cada un año, en bienes y raíces que estoy disponiendo comprar a favor de dicha obra Pía, la cual desde ahora pondré los medios para que en el presente año tenga cumplido y debido efecto, pagando yo por ahora de mis bienes al Preceptor que sea elegido, y si entre tanto no hubiese comprado los bienes suficientes para su dotación, y la muerte me sacare de este mundo sin haberlo cumplido, desde luego consigno para ello una partida tierras de regadío que poseo en el Pago de la Amarguilla, distante una legua de esta población, en lo cual deben interesarse también los Patronos, que lo han de ser el Señor Cura y los Señores Beneficiados que al presente son, y en adelante fuesen. Y si las haciendas de dicho Cortijo de la Amarguilla no redituasen los dichos 300 ducados, puedan requerir a mis herederos para que entre todos ellos, señalen los competentes hasta el integro cumplimento de los mencionados ducados.”

Por desgracia, ambos esposos nunca llegaron a ver en vida la fundación de esta Cátedra, pero tras años de burocracia y enredos testamentarios, finalmente en 1804 el Rey Carlos IV, decretaba la creación de esta obra Pía, y aprobaba sus estatutos, cumpliéndose finalmente la última voluntad de D. Nicolás Gómez y Dª Antonia Romero. 

Esta institución educativa seguiría funcionando en Cúllar muchos años, siendo sus aulas las paredes de la desaparecida Ermita del Ángel, hasta que en 1826, por falta de fondos y dotaciones, quedó extinguida.

El 4 de abril de 1796, a los 71 años de edad, fallecía D. Nicolás Antonio Gómez. Su mujer le seguiría a la tumba tan solo veintisiete meses después, el 29 de junio de 1798.

Sus cuerpos fue enterrados en la zona más distinguida de Iglesia de la Anunciación cullarense, toda vez que tenían licencia del Obispo de Guadix para ser sepultados en un lugar de privilegio: “Que mi cuerpo sea cubierto y amortajado con los hábitos, correa y cordón de San Francisco y Santo Domingo, así mismo en el interior con el Escapulario o divisa de los hermanos de la Cofradía de la Virgen del Carmen de esta Villa de Cúllar, quiero sea depositado el ataúd en su Iglesia Parroquial, en sepultura que tengo propia, y que hemos ofrendado el dicho mi marido y yo hasta el presente, y confirmado en las Santas Visitas del Sr. Obispo, y está al lado del Evangelio, en la Capilla Mayor de la citada Iglesia.”



(Primera página del testamento de D. Nicolás A. Gómez)

Gracias a su extenso testamento, hemos podido acercarnos a la vida y muerte de este importante cullarense, que en sus últimos años no dejó de ser un hombre muy piadoso y  a la vez opulento, uno de los más acaudalados de la Comarca de Baza. Así lo refleja su última voluntad, cuando enfermo y anciano, ordena que, de su incalculable fortuna, se digan por su alma tras su fallecimiento, la descomunal cifra de 20.000 misas rezadas. Exactamente la misma cantidad de rogativas y plegarias, que el difunto Rey Carlos III, contemporáneo suyo, dejó dispuestas en su real testamento, ocho años antes. Arte y figura….

Desgraciadamente, nunca sabremos si todas estas misas testamentales, que el viejo D. Nicolás Antonio mandó se dijeran por su alma, se correspondían con su píos y devotos sentimientos, o por el contrario, se debieron a las innumerables culpas y pecados que arrastró durante su dilatada y fascinante vida.



(Una de las últimas firmas D. Nicolás A. Gómez, ya enfermo y anciano) 


Epílogo

A mediados de los años ochenta del siglo pasado, el nuevo Ayuntamiento democrático cullarense remitió, al parecer, a la Asociación Española de Estudios Genealógicos y Heráldicos, un boceto con el escudo municipal para su aprobación oficial.

Quizás por desconocimiento de los promotores o porque aún no habían salido a la luz los documentos que en este artículo hemos presentado, se optó por elegir  los mismos elementos que aparecen en el escudo de la casa nº 12 de la Calle Mayor de nuestra localidad, adornado con una serie de castillos y leones en su parte externa, para que sirviesen de base al pretendido escudo de la Villa.  

Los académicos de esta Asociación emitieron un informe desfavorable a las pretensiones del Ayuntamiento, alegando la falta de rigor histórico en la propuesta.

A pesar de ello, el municipio comenzó a utilizar el nuevo escudo diseñado, para sus documentos y actos oficiales. Es el mismo que, con ciertos retoques estilísticos, se sigue empleando en la actualidad.



sábado, 5 de noviembre de 2016

De la Villa de Cúllar a la Villa y Corte de Madrid en 1723: La odisea de una caravana de carros de trigo en la España de Felipe V.


Pocas veces se descubren en los archivos históricos, documentos que refleja episodios épicos y aventureros propios de relatos de novelas antiguas. Este es el caso de la odisea vivida por un grupo de labradores y vecinos de Cúllar que, en tiempos del reinado de Felipe V, emprendieron un azaroso viaje por media España con el único objetivo de conseguir algo trigo con que calmar la hambruna que, en la primavera del año 1723, asolaba nuestra localidad. 

                                     Retrato del Rey Felipe V (1723)

A principios del mes de marzo de aquel lejano año de 1723, el Cabildo Cullarense, a través del Alcalde 1º, D. Miguel Romero y Muñoz, puso de manifiesto la insostenible situación por la que pasaba la mayoría del vecindario por la falta de trigo con que hacer pan y alimentar a tantas familias necesitadas.

No había sido el año anterior un buen año agrícola debido a las malas cosechas, por lo que la escasez de grano era algo común en la Villa de Cúllar y en todos los pueblos de la Comarca de Baza, en aquellos días. Así las cosas el Ayuntamiento decidió impulsar una empresa nada fácil, enviar una caravana municipal formada por 34 carros con el propósito de adquirir 500 fanegas de trigo en la capital del Reino, en la Villa y Corte de Madrid.

“Los señores que componen el Cabildo y Concejo de esta Villa de Cúllar  dijeron, como en fuerza de hallarse esta Villa tan necesitada de granos para la manutención del común abasto en los meses de marzo y siguientes hasta la nueva cosecha, y sin tener recurso alguno en los convecinos pueblos por haber sido general la esterilidad de los campos, se tomó la resolución de enviar a la Villa y Corte de Madrid a por más de 500 fanegas de trigo que se consideraban necesarias para el referido común abasto, teniendo compuesto y conseguido con los dueños de dicho trigo se diesen a esta Villa a precio de 19 reales cada fanega, siendo obligación de esta Villa conducirlas desde la dicha Corte hasta aquí.”



Una vez aprobado el acuerdo, se designó al Alcalde 2º, D. Agustín Muñoz de Mata y Carrión, como Comisionado para conducir la expedición y reunir los 34 carros que se creían necesarios para acarrear el grano desde Madrid, así como todo lo necesario para realizar un viaje tan largo como incierto. Se publicó un edicto mandando comparecer a todos los dueños de carros y carretas de Cúllar y de todas sus pedanías. A los propietarios de los carros se les pagaría 250 reales a cada uno por el porte y por los días empleados en el trayecto. Un trayecto que no tuvo final feliz para todos ellos, como veremos a continuación.


                    Firma autógrafa de D. Agustín Muñoz Carrión

Poco podemos imaginar ahora cómo eran los Caminos Reales españoles a principios del Siglo XVIII. La mayoría de ellos eran simples caminos carreteros con algo de zahorra en la parte superior, que permitían el paso continuo de carros y carretas durante algunos meses del año, pero que se volvían pesados e intransitables en los meses de invierno y en los tiempos de lluvias. Sin olvidar la frecuente inseguridad en las zonas de despoblado por la presencia constante de grupos de malhechores, bandoleros, desertores y todo tipo de ladrones y criminales.


 Entonces la distancia entre la Villa de Cúllar y la Villa y Corte de Madrid era de algo más de 100 leguas (unos 500 kilómetros de la actualidad), siendo necesario realizar la ruta por el itinerario más corto y a la vez más seguro, por lo que se decidió hacer el viaje por la zona de levante de la Mancha, pasando por Vélez Rubio - Lorca – Caravaca – Calasparra – Hellín – Chichilla – Albacete – La Roda – Quintanar de la Orden – Ocaña – Aranjuez y Madrid.

                              Ruta Itinerario de la expedición cullarense
                                    (Pinchar para ampliar)

La caravana de carros partió de Cúllar a primeros del mes de abril, y dos semanas más tarde, se encontraba a las puertas de la capital de España. Allí el Cabildo cullarense había tratado con un agente comisionista, D. Joseph Antonio de Flores, natural de Zújar, el precio del trigo y la forma de pago, pero los problemas para la expedición cullarense comenzaron cuando se les hizo saber, que por orden del Corregidor Mayor de Madrid, estaba suspendida temporalmente la saca de granos de la Villa y Corte.

“Y con poder  bastante pasó D. Agustín Muñoz Carrión, Alcalde Ordinario 2º y uno de los Capitulares del Concejo, como Comisario, con 34 carros de labradores vecinos de esta villa costeados con el caudal que el Pósito de ella tenía en dinero del trigo panadeado. Y llegando a la Corte de Madrid, el día 14 de abril le comunicaron que las dichas fanegas de trigo estaban en la casa de D. Joseph Antonio Flores y Zurbarán que vive en la Calle del Pez, cuya cantidad no se podía sacar de aquella Villa y Corte sin mandato y orden de D. Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, Marqués de Vadillo, Corregidor de esa Villa, por orden del Real Consejo de Castilla.”


                           Plano de la época de Villa de Madrid . 
                      (En el nº 33 la ubicación de la Calle del Pez) 

Al conocer tal inesperada noticia, se vivieron momentos de incertidumbre y desesperación, hasta que el responsable de la partida de carros, el Alcalde 2º D. Agustín Muñoz, decidió jugárselo todo a una carta y buscar trigo donde lo hubiere, aunque fuese a precios más elevados de lo acordado por el Cabildo cullarense. Dos días después, por fin dan con la solución, adquirir el grano fuera de Madrid, en el entonces pueblo de Caramanchel (actual barrio de Carabanchel) ya extramuros de la capital.    

“Y sin embargo, D. Agustín Muñoz, al verse en tan preciso lance de haberse de volver sin el remedio que esta Villa esperaba y además con el costo de los carruajes, dicho Señor  Comisario en efecto busco y adquirió 527 fanegas de trigo fiado en el lugar de Caramanchel Bajo, a precio de 25 reales cada una con la obligación de pagarlas antes del 10 de mayo próximo a Joseph Ibáñez, dueño de dicho trigo.”

       Calle de Alcalá (Principios del Siglo XVIII)

Así las cosas, y con el trigo en las carretas, la expedición emprende el viaje de vuelta hacía Cúllar, sin imaginar lo que les espera en el camino. Nos encontramos a mediados del mes de Abril, y según las crónicas, aquella fue una primavera de lluvias y tormentas intensas, por lo que a poco de llegar a los primeros pueblos de la Mancha, los carriles se volvieron intransitables por el agua caída, y los carros, y sobre todo los mulos y mulas que tiraban de ellos, se vieron imposibilitados de seguir adelante, hospedándose por unos días en la Villa de Los Hinojosos (actual provincia de Cuenca) a la espera del que tiempo mejorase o caso contrario buscar otra solución alternativa.

“Pero que debido a lo penoso de los caminos e inclemencias de los tiempos y las muchas aguas caídas, se apuraron de fuerzas los pares de mulos sin poder continuar las marchas por el barro, de forma que a los más esforzados  se precisó a dejarse una porción de trigo de 133 fanegas en el lugar de Los Hinojosos distante 20 leguas de la Corte, en la Mancha de Toledo.
E Algunos como Bartolomé Rodríguez y Tomás López, dos de los amos de los carros, traían las mulas tan apuradas, que de ellas no se pudieron servir, precisándoles deshacerse de ellas por muy poco valor.
Y a otros de los dueños de los carros precisó a dejarse toda la carga y perdido el carro trayéndose sólo las mulas, y que algunos también las habían perdido porque se les habían muerto en el camino.”




Finalmente lo que quedaba de la expedición, consiguió arribar a la Villa de Cúllar en los primeros días del mes de mayo. Agotados los hombres y las bestias, con algunos carros de menos y con tan solo una parte del trigo comprado, el recibimiento de la heroica expedición tuvo carácter agridulce, toda vez que el final de la empresa no había sido del todo satisfactorio en lo económico para el Pósito de la Villa.

“Y para que así conste, se apunta que los distintos gastos que ocasionó dicho porte, tanto por el pago de los mantenimientos de los dueños de los carros por los 32 días que el viaje duró, así como por el pago de portazgo en las Villas de Chinchilla y Lorca, y demás gastos de la conducción, han ocasionado la pérdida de 3.173 reales del caudal del Pósito Real de esta Villa de Cúllar”.

Semanas después, el 8 de mayo de 1723, el Cabildo acuerda enviar como apoderado al vecino de Cúllar Antonio Alejandro Fernández para que marchara a la Villa de Hinojosos y allí vendiera las 133 fanegas que la caravana había dejado en aquel lugar en poder del Alcalde de aquel pueblo, ya que los Señores del Ayuntamiento cullarense estimaban que el coste del trigo, más las cargas de un nuevo transporte, encarecían el precio final del grano, de tal manera que sería imposible venderlo a ese elevado precio en la Villa de Cúllar.


                      Pueblo de Los Hinojosos en la actualidad

De tal manera que el 7 de junio, el nuevo Comisionado llegó a la Villa de Hinojosos del Marquesado, y según carta de su Alcalde D. Luis Salazar y Vallejo “persona en quien paraban las 133 fanegas de trigo, puso por testimonio que dicho Antonio Alejandro Fernández había venido a vender dicha porción de trigo, había cumplido con su obligación, el cual entró en este lugar el 7 de junio haciendo diversas diligencias así en esta Villa como en la Villa de la Orden, Belmonte, Monreal y otras a donde ha ido personalmente para lograr la mejor venta de dicho trigo, el cual ha vendido de la siguiente forma”.

54 fanegas a precio de 18 reales
64 fanegas a precio de 17 reales
13 fanegas y medio a precio de 15 reales.

El vecino de Cúllar, Antonio Alejandro Fernández, partiría de retorno a nuestra Villa el 25 de junio con el dinero de la venta que ascendió a tan solo 2.262 reales, cantidad muy por debajo del coste del trigo adquirido en Carabanchel.




Este es el triste epílogo de una de las epopeyas más fascinantes que sin duda vivieron aquellos 35 vecinos del Cúllar de principios del Siglo XVIII. La posibilidad de conocer la capital del Reino de España, en unos tiempos que no era nada fácil, ni seguro, emprender un viaje de esta magnitud, recorriendo parajes desconocidos para la mayoría de ellos, marcarían para siempre sus vidas y las de sus descendientes. Cuando quizás, años después y al calor de la lumbre, en las largas noches de invierno, relataran aquella aventura épica, en la que recorrieron por primera vez y sin duda la única, las calles de aquel viejo Madrid de los Borbones.

Fuente: Archivo Histórico Municipal de Cúllar: Libro Capitular de 1723 y Cuaderno de Cuentas del Pósito de 1712-1733. (Legajo 12  Vol. III )