Documento Archivo Historico

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Archivo Historico de Cúllar. Siglo XVIII

martes, 11 de agosto de 2020

Los Últimos Cullarenses en la Guerra de Cuba.- (Segunda Parte)

Como continuación al artículo publicado en este mismo blog en noviembre de 2019, referente a los Cullarenses que participaron en la Guerra de Cuba (1895-1898), y debido al interés mostrado por algunos de los descendientes de aquellos soldados de nuestra localidad, hemos recibido diversa documentación original al respecto, que nos han llevado a completar aquel artículo, con algunas informaciones referentes  a dos de nuestros paisanos que participaron activamente en la citada guerra colonial del Siglo XIX.

Gracias a sus familiares actuales, hemos podido recomponer la historia de Luis Peláez Tello, un soldado raso que por méritos militares consiguió en apenas 3 años ser ascendido a Teniente 2º, y posteriormente jubilarse como Capitán de Infantería. Al cual se le puede calificar como uno de los verdaderos “Últimos de Cuba” ya que se enfrentó, en la parte final de la Guerra, a la invasión de las Tropas Norteamericanas, que habían desembarcado en la isla en ayuda de los rebeldes cubanos.

Caricatura de la época sobre la Guerra Hispano Estadounidense
 Caricatura de la Prensa de la época 
sobre el conflicto Hispano Estadounidense

Y también damos a conocer en este post, la azarosa biografía de Agustín Sarabia Sánchez, un joven cullarense que sufrió en su propia piel la difícil vida del soldado expedicionario español en aquellas tierras llenas de selvas, maniguas y enfermedades, y en constante enfrentamiento diario con los partidas de soldados mambíses cubanos. Incluso tuvo el honor de combatir contra uno de los héroes de la Revolución Cubana, el General Mayor Antonio Maceo.  

                           Luis Peláez Tello

Nacido en Albox, el 25 de Enero de 1872, hijo de Hipólito Peláez Vela (natural del pueblo granadino de Picena, cerca de Ugíjar) y de Ana Tello Carrillo (natural de Albox) desde su más corta infancia se traslada a vivir a Cúllar, localidad de donde era originaria parte de su familia materna.

Ingresa como Soldado de Quinta, perteneciente al Reemplazo del municipio de Cúllar, el 7 de Marzo de 1893, siendo destinado al Regimiento de Infantería de Pavía, con residencia en Cádiz, participando en varios convoyes militares que acudieron a la defensa de Melilla. En 1895 es ascendido a Cabo y un año después, en 1896 a Sargento de Infantería.

El 20 Noviembre de 1896, su cuerpo de ejército es destinado a la Guerra de Cuba,  embarca en Cádiz  junto al  Regimiento de la Reina Nº 2 a bordo del Vapor  “Cataluña” arribando al puerto de la Habana el 5 de diciembre. A su llegada a la Isla caribeña es destinado al 2º Batallón del Regimiento de Infantería de Cuba Nº 65.

  Vapor "Cataluña" 
donde viajó hacia Cuba Luis Peláez Tello

Sobre este histórico regimiento, hemos de citar que efectivos militares del mismo, participaron dos años antes, en la famosa Batalla de Dos Ríos, donde las tropas españolas abatieron al líder de la Revolución Cubana, José Martí, en mayo de 1895.

A primeros de 1897, el Sargento Luis Peláez, interviene en varios “fuegos tenidos con el enemigo” en la provincia de la Habana, hasta que a finales de Junio es destinado a Santiago de Cuba, al Sur de la Isla, donde combatiría durante toda la Campaña, en especial en la zona de la Gran Piedra y Guantánamo. En febrero de 1898 resulta herido en la acción de Mataguana, razón por la cual le fue otorgada meses después la Cruz Roja al Mérito Militar.

Ingresado en el Hospital Militar de la zona, hasta que el 7 de marzo vuelve a incorporarse a su Batallón, donde permaneció “de trincheras y emboscadas” formando parte de la defensa de la Plaza de Santiago de Cuba y asistiendo a los combates librados contra el Ejército de Estados Unidos que acababa de desembarcar en las playas cercanas a Santiago. Durante más de una semana estuvo luchando en las trincheras hasta el 17 de Julio, que a raíz de la pérdida de la ciudad y de resultado de las Capitulaciones de Paz, su Batallón se entrega a las autoridades militares norteamericanas.

El fin de la guerra le sorprende gravemente enfermo, por lo que es de nuevo ingresado en el Hospital Militar, hasta el 27 de Agosto en que es repatriado a España en el Vapor “Cheribón”, llegando al puerto de Vigo el 13 de Septiembre de 1898.

El periódico madrileño “El Imparcial” relataba así, en su edición del 14 de Septiembre, la llegada del buque a puerto vigués: “En la bahía de Vigo fondeo ayer a las 8 de la mañana el Vapor Cheribón, conduciendo 897 soldados repatriados. Durante el viaje, que duró quince días, fallecieron 105 repatriados. Las enfermedades reinantes a bordo son el paludismo y la disentería, siendo 709 soldados los que regresan enfermos. Se les ha impuesto siete días de cuarentena.”

Desde allí marchó “con residencia a Cúllar Baza para disfrutar de la licencia concedida, causando baja en su Regimiento por disolución del mismo.”

A primeros de 1899 se reincorpora a su vida militar, sirviendo primero en el Batallón de Cazadores “Alba de Torres” Nº 8 y después en el  Regimiento de “Aragón” Nº 21, donde es ascendido a Segundo Teniente de Infantería en la escala de Reserva “en recompensa al comportamiento observado en los combates y bombardeos de Santiago de Cuba.”

Sus últimos años como militar los cumple destinado en el Regimiento de Infantería de Reserva  de Baza, Nº 90, hasta que finalmente se retira del Ejército el 5 Marzo de 1902. Siéndole concedida la distinción de Capitán honorífico por méritos de Guerra.

                                      Capitán D. Luis Peláez Tello
              (Fotografía facilitada por sus familiares)

En abril de 1909 lo encontramos como Concejal formado parte del Ayuntamiento de Cúllar y posteriormente, sobre 1923 como Jefe de la Guardia Municipal. Y ya en la recta final de su vida, formando parte del Consejo directivo de la Tropa de los Exploradores de Cúllar (los conocidos popularmente como Boys Scouts) como “Asesor Militar” de los mismos, en torno a 1929.

Falleció en su casa de la Calle Bendo, el 20 de Agosto de 1941, a la edad de 69 años. Casado en segundas nupcias con Silvestra Carrión, tuvieron 8 hijos Luisa, Antonia, Luis, María, Sebastián, Hipólito, Carmen y Dolores Peláez Carrión.

Agradecemos a nuestro paisano Iván García García, bisnieto de D. Luis Pélaez Tello, toda la información  que nos ha facilitado referente a la Hoja de Servicios de este militar cullarense.

 

                   Agustín Sarabia Sánchez

Hijo de Marcelino Sarabia y Rosa Sánchez, nació en Cúllar el 30 de Mayo de 1875, de oficio del campo y de estado soltero, fue alistado en el Remplazo de 1894 como correspondiente al cupo de soldados de la Villa de Cúllar.

En Marzo de 1894 es destinado al Regimiento de Infantería de Lorca, nº9, donde permanece hasta que su regimiento es destinado primero a Sevilla y luego a Cádiz, donde embarca a finales de Agosto en el Vapor “Buenos Aires” rumbo a la Isla de Cuba, arribando al puerto de la Habana el 9 de Septiembre.

    Vapor "Buenos Aires" que trasladó al cullarense Agustín Sarabia hasta la Isla de Cuba

Inmediatamente su Batallón al mando del Teniente Coronel D. Silverio Ros Soza “marchó en ferrocarril hasta la Provincia de Santa Clara, en el centro de la Isla, donde quedó de operaciones en campaña."

Entre los años 1895 y 1896, nuestro paisano participó en numerosas batallas, acciones y escaramuzas contra los rebeldes cubanos, destacando su participación en la Columna española mandada por el General D. Agustín Luque y Coca, donde “mantuvieron repetidos encuentros con fuego con el enemigo en Bocanagua, enfrentándose a uno de los principales cabecillas de la insurrección cubana, como fue el General Mayor Antonio Maceo, al cual hicieron retroceder en el Poblado de San Cristóbal, donde los mambíses fueron desalojados y dispersados.”

Desgraciadamente no disponemos de más datos sobre la presencia en Cuba del cullarense Agustín Sarabia, salvo que pasó a la situación de Reserva Activa, en febrero de 1897, después de combatir y sobrevivir casi tres años en maniguas de la Isla de Cuba.

Agradecemos a Rafael Laso  y Pepa Sarabia (nieta de Agustín) la información  que nos ha facilitado referente a la Hoja de Servicios de este soldado cullarense.

 

 

 

 

 

sábado, 16 de noviembre de 2019

Cullarenses en la Guerra de Cuba



La Guerra de Cuba fue un conflicto militar, social y político que enfrentó al Gobierno de España contra diversos grupos de independentistas cubanos a lo largo de la segunda mitad del Siglo XIX, lo que se tradujo en la última guerra colonial donde España perdió sus posesiones en Ultramar, tanto en la Isla de Cuba como en la de Puerto Rico.

El conflicto que se había iniciado en 1868 finalizó en julio de 1898 con la llamada Batalla de Santiago de Cuba, donde la armada española perdió la mayoría de la flota militar de nuestro país en su enfrentamiento con las tropas de Estados Unidos, estado que había intervenido por cuenta propia en defensa de los insurreccionistas cubanos.

Pero la Guerra de Cuba también fue toda una tragedia humana para miles de soldados españoles, la mayoría provenientes de familias humildes y sin recursos, que no podía pagar las 1.500 pesetas en metálico para conseguir la exención del Servicio Militar de sus hijos. A lo que se sumaba las pésimas  condiciones de vida que se encontraban los jóvenes reclutas y el resto de militares durante su estancia en la Isla de Cuba, debido a las inclemencias del clima tropical y las enfermedades que diezmaban continuamente las tropas de nuestro país.

Este terrorífico dato lo resume todo: De los 43.000 soldados españoles fallecidos durante la Guerra, 41.000 lo fueron por distintas enfermedades y penurias.

Y allí, en las selvas y maniguas cubanas, también vivieron, lucharon y murieron bastantes jóvenes cullarenses que han pasado sin pena ni gloria por las páginas de la Historia con mayúsculas, y que con este artículo queremos rescatar del olvido, principalmente para el conocimiento de sus familiares y descendientes, los nombres de aquellos soldados cullarenses que formaron parte de la última Guerra de Cuba.

La mayoría de los datos que sacamos a la luz en este trabajo, provienen de la prensa granadina y española de la época, que a diario publicaba noticias y telegramas de última hora sobre desarrollo del conflicto al otro lado del Atlántico, para calmar en lo posible las ansias de noticias que tenían las familias del estado y paradero de sus hijos que se encontraban a más de 7.000 kilómetros de distancia.





Las primeras noticias que tenemos de soldados de Cúllar, es el 1 de  Agosto de 1895, cuando son llamados a filas varios soldados y reservistas cullarenses para combatir en la recta final de la Guerra de Cuba. Alguno de ellos encontraría la muerte por acciones de guerra o por diversas enfermedades  en el conflicto colonial.

“El Defensor de Granada”. Edición del 1 agosto.

Los reservistas de Granada.

“Según lo que dispone el Real Decreto del 29 de julio, por el cual se llama a filas a los reservistas de 1891, corresponden a incorporarse en Granada en el Regimiento Infantería de Reserva de Baza, número 90, a los siguientes individuos, cuya incorporación deberá hacerse el día 9 de agosto actual en las oficinas del Regimiento de Baza, sitas en la calle de Tendillas de Santa Paula.
De Cúllar Baza
Soldados: Andrés Arcas Guerrero, Ángel García Hernández, Domingo Reche Vázquez, Esteban Jiménez Martínez, Francisco Masegosa Navarro, José Flores Expósito, Juan Lázaro González, Mateo Galera Martínez y Salvador Sánchez Prieto.”

Después de llegar a Granada los 187 soldados granadinos se incorporaron al Regimiento de Granada, y juntos partieron el domingo 11, de la estación de tren de la capital con destino Sevilla y posteriormente Cádiz, para embarcar rumbo a la Isla de Cuba. Así lo relataba la prensa provincial.

“El Defensor de Granada”. Edición del 12 de agosto.

Los reservistas.
Ayer mañana salieron en el tren correo los 187 reservistas granadinos qué se incorporarán en Sevilla al Regimiento de Granada que embarcará para Cuba el día 23.
Los reservistas salieron del Cuartel del Triunfo poco después de las cinco de la mañana, acompañándoles un piquete del Regimiento infantería de Córdoba con bandera y música, al mando del teniente ayudante.
El andén, cuando llegó la fuerza expedicionaria estaba completamente lle­no por infinidad de personas de todas las clases sociales que acudieron á rendir es­te tributo de cariño a los que marchaban a combatir por la honra de la patria, viéndose también las familias de muchos de los soldados, hombres y mujeres del pue­blo que daban el último adiós a los seres queridos llamados por la voz del honor a la terrible campaña.
A las cinco y cuarto, ocupando varios carruajes y precedida de los maceres lle­gó la Corporación municipal representada por el alcalde D. José España, los; tenientes de alcalde D. Francisco Bermúdez de Castro, D. Torcuato López, D. Antonio Amor y Rico y D. Rafael Benavides, haciéndose, a poco de llegar, la distribución de cinco pesetas a los sargentos, tres a los cabos y dos a los soldados y pu­ros y cajetillas de tabaco, según acordó el Ayuntamiento en su reunión de antea­noche. También acudió a despedir a los reser­vistas el Gobernador Civil, D. Eleuterio Villalba y su secretario particular.
Al arrancar el tren, la Banda de Cór­doba tocó la popular marcha de Cádiz y los reservistas prorrumpieron en entu­siastas vivas a España y al Ejército, mientras la muchedumbre, apiñada en el andén, vitoreaba á los expedicionarios y agitaba pañuelos y sombreros en cari­ñosa y triste despedida.
Cuando partió el tren ocurrieron esce­nas tristísimas, pues muchas infelices mujeres madres, esposas o hermanas de los que partían, que á duras penas, y por no causar aflicción a los que marcha­ban, habían podido contener su dolor prorrumpieron en amarguísimo llanto, dando a la entusiasta despedida que el pueblo ha hecho a los reservistas, una no­ta de desgarradora tristeza. Algunas de estas pobres mujeres sufrieron acciden­tes nerviosos, llamando a voces á sus hi­jos, esposos o hermanos, cuando ya el tren corría por las llanuras de la Vega.
¡Dios y la Santa Virgen de las An­gustias, nuestra excelsa Patrona, pro­tejan á los valientes soldados granadi­nos que dejan hogar y familia para arrostrar la muerte en Cuba en defensa del honor nacional!

Al parecer partieron rumbo a Cuba el 22 de agosto llegando a la Isla caribeña el 9 de septiembre. Para hacernos una idea de cómo fue el largo viaje transatlántico y sus primeros días en Cuba, nos haremos eco de esta carta publicada por el periódico granadino “El Popular”, en el que uno de aquellos soldados granadinos contaba a su maestro las peripecias del viaje y su arribada a la isla.

“El Popular”. Edición del 11 de octubre.

Un soldado, hijo do Granada, que marchó á, Cuba en la última expedición, escribo a un amigo la siguiente carta, que ofrece notable interés:

«Sancti Spíritus 12 Septiembre 95. Sr. D. M. R. Distinguido maestro: No sé si mi carta llegará como las primeras que he escrito a la familia del Sr. F. y a mi madre, por lo cual si no llega le suplico me dispense.
Como le decía á V. en mí anterior, el 22 del pasado Agosto salí de Sevilla, y el 9 de Septiembre en la noche llegué á ésta; antes de mi llegada no le escribí por estar de servicio, pero hoy que tengo un poco de tiempo lo hago cón el mayor gusto:
En la travesía he tenido varios disgustos; en el vapor que nos conducía, que era como le dije á V., el «Isla de Luzón», íbamos 2.700 hombres y en la mitad del camino se rompió un tubo a la caldera en altas mares, teniendo que estar doce horas parado a la clemencia de Dios. El día 1.° de este mes por la mañana se metieron en la barra (un castigo que se da en los vapores) á dos individuos de Madrid y Barcelona que venían con los voluntarios, los cuales habían reñido, y al oscurecer, estando los sargentos de semana haciendo la 1ª requisa, encontraron á dichos individuos poniéndole una mecha encendida á las cajas de dinamita que el vapor conducía para su uso; los voluntarios fueron metidos en un calabozo y conducidos a la Habana donde dicen que se les fusilará. Aparte de esto, el viaje ha sido feliz.          
Este pueblo es el centro o uno de los que más  insurrectos tiene, pues raro es el día que no hay tiros; yo todavía no me he estrenado.
Mañana salgo de operaciones por jornadas de cinco leguas: no sé lo que en la manigua habrá porque todavía no he andado por ella.»



Barco "Isla de Luzón" donde viajaron los militares cullarenses 
con destino a la Isla de Cuba

Listado de Bajas de soldados cullarenses en la Guerra de Cuba

1.- Esteban Jiménez Martínez.-

Diario “El Defensor de Granada”. Edición del 23 abril 1896.

“Se le ha concedido a María de la Cruz  Cáceres Álvarez, residente en Cúllar Baza (Granada), esposa de Esteban Jiménez Martínez, soldado reservista fallecido del reemplazo de 1891, con destino en el Regimiento Infantería de Granada, la pensión de 50 céntimos de peseta diarios, la cual se abonará a la interesada por el Regimiento reserva de Baza, nº 90.”

2.- Juan Fernández Jiménez.-

Diario “El Defensor de Granada”. Edición 10 mayo 1896

Centro de Informes de Cuba. 
Establecido por El Defensor, en sus oficinas, Reyes Católicos 8, principal, para el servicio de suscriptores.
“De las estadísticas que este Centro de Informes ha recibido del último correo de Cuba llegado ayer a Granada, resulta que han fallecido por enfermedades, los siguientes soldados, hijos de esta provincia: Juan Fernández Jiménez, del Regimiento de Colón, natural de Cúllar, por fiebre amarilla.”

3.- Manuel Lorente Lajaros.-

4.- José Flores Expósito.-

5.- Andrés Arcas Guerrero.- 

Estos tres cullarenses fallecieron prácticamente al mismo tiempo, según el diario “El Defensor de Granada”. Edición del 2 junio 1896

Hemos recibido la siguiente relación de granadinos, pertenecientes al Batallón de Granada, que han hallado la muerte en Cuba, algunos peleando gloriosamente contra los mambises y otros, la mayoría, víctimas de la traidora enfermedad que tan profundos estragos causa en nuestras filas. He aquí la relación que aludimos (aparecen 57 fallecidos):
Manuel Lorente Lajaros, de Cúllar Baza. Andrés Arcas Guerrero, de Cúllar Baza. José Flores Expósito, de Cúllar Baza.”

Meses después, el Diario El Defensor de Granada, en su edición del 10 de marzo de 1898, daba como fecha de la muerte de Andrés Arcas, el 13 de noviembre (no dice de que año).

“Centro de Informes de Cuba. El Soldado perteneciente al Regimiento de Infantería  de Granada nº 34, Andrés Arcas Guerrero, falleció el 13 de noviembre en el Hospital Militar de Sancti Spiritus.

6.- Francisco Martínez Reche.-

Diario “El Defensor de Granada”. Edición 29 Octubre 1897.

“El soldado del Batallón Alfonso XIII, nº 62 de Cuba, Francisco Martínez Reche, natural de Cúllar Baza, falleció de fiebre amarilla en el Hospital de Santa Clara el día 27 de julio.”

Otros soldados de nuestro municipio corrieron suertes dispares, entre ellos alguno fue condecorado por actos de guerra.

Juan Jiménez Viñas.-

Diario “El Defensor de Granada”. Edición 29 Octubre 1896.

“Los soldados Pedro Lerin Medina, de Granada, y Juan Jiménez Viñas, de Cúllar Baza, fueron heridos en el combate de la Loma de Santa Rosa(*), el pasado 5 de abril”.

“El Correo Militar”. Edición del 6 mayo 1897.

Recompensas
“Concedidas por el Excelentísimo Señor Capitán General de la Isla de Cuba.
Por la acción librada en Santa Rosa y Plateros (Villas):
Batallón de Borbón, nº 17.
Soldado de 2ª, Juan Jiménez Viñas, Cruz de Plata del Mérito Militar.”

Salvador Sánchez Prieto.-

“La Correspondencia Militar”. Edición del 10 diciembre 1898.

Recompensas por méritos de guerra concedidas por el Capitán General de Cuba.
“Aprobando concesión de recompensas por los combates sostenidos en las operaciones llevadas a cabo en la Provincia de Puerto Príncipe en el mes de julio de 1897.
Cruz de Plata del Mérito militar, con distintivo rojo, al cabo Salvador Sánchez Prieto”.



Otros soldados consiguieron ser repatriados, y aunque en mal estado de salud, consiguieron volver a España.

Cecilio Viñas García.-

“El Imparcial”. Edición del 26 junio 1897

Socorros a los soldados.
Madrid.
“En la hospedería de El Imparcial se hicieron los siguientes socorros en los días 7, 10, 11 y 12 de junio de 1897 por los señores D. Fabriciano Baizán, Coronel del Regimiento de León, Doctor D. Luis Ortega Morejón y D. Juan Chinchilla, representante de El Imparcial:
Con 20 pesetas, Cecilio Viñas García, de Cúllar (Granada).
Todos estos soldados fueron anteriormente socorridos con ropas y metálico.”

Otros consiguieron regresar en tal mal estado de salud, que fallecieron durante el viaje, o fueron recibidos muy graves, como el siguiente soldado cullarense, cuyo nombre desgraciadamente desconocemos.

Soldado Cullarense desconocido.-

“La Correspondencia de España”. Ediciones del 7 y el 11 de septiembre 1897.

Escena conmovedora

“Los viajeros llegados anoche a Madrid en el tren correo de Santander asistieron, en la estación de Segovia, a una escena hondamente conmovedora.
En dicho tren eran conducidos a Madrid, para ser recibidos y auxiliados por la Cruz Roja, varios soldados enfermos procedentes de Cuba.
A pesar de los solícitos cuidados que durante el viaje se prodigaron por las personas que acompañaban a estos héroes oscuros que han dado por la patria lo mejor de su sangre y de su vigor juvenil, el estado en que llegaron dos de los soldados a la estación de Segovia, era de tal modo alarmante que no se podía responder de su vida si continuaban su viaje a Madrid, y se pensó en habilitar los medios para su traslado al pueblo.
Enterados de lo que ocurría los alumnos de primer año de la Academia de Artillería, Señores Casas y Acha, que casualmente se encontraban en el andén, se acercaron al vagón de primera clase donde venían los pobres soldados enfermos, y tomándolos en sus brazos, los condujeron a los carruajes que debían trasladarlos hasta Segovia, cuyo Ayuntamiento y todo el vecindario prestará a aquellos valientes, solo vencidos por el mortífero clima de la manigua, los cuidados que su agotada salud reclama.
La escena hizo brotar lágrimas de los ojos de cuantos la presenciaron, y el generoso arranque de los dos jóvenes artilleros mereció el aplauso y las felicitaciones de todos. (…)
Ambos soldados enfermos fueron trasladados al sanatorio provincial que la Cruz Rojo posee en Segovia. Desgraciadamente uno de los soldados falleció a las veinticuatro horas de ser recogido, después de recibir los auxilios espirituales. Dicho soldado era natural de Lebrija (Sevilla), perteneció al Regimiento de Castilla y tenía por nombre José Miralles Vidal.
El otro soldado recogido el lunes en la estación, es natural de Cúllar de Baza (Granada) y aunque se encuentra en estado grave, se confía en salvar sus vida”.





Tras la Batalla naval de Santiago de Cuba (3 Julio 1898), España pierde todas sus posesiones en las Antillas, entre ellas la Isla de Cuba y Puerto Rico. A partir de ese momento comienzan a regresar a la península miles de soldados de esta larga guerra colonial que enfrentó a España contra Estados Unidos y los independentistas cubanos.


Soldados cullarenses repatriados:

1.- Juan Sánchez García, de Vertientes. Regimiento de Infantería de Simancas. Llegada a Granada capital el 22 septiembre de 1898.
2.- José Carrión Martínez. Batallón del Príncipe. 1 Octubre 1898.
3.- Francisco Prieto Torres. Guardia Civil. 21 Octubre 1898.
4.- Norberto Royo. 8 Noviembre 1898.
5.- Domingo Sánchez. Guardia Civil. 16 Diciembre 1898.
6.- Juan García. Batallón de Cazadores de Cádiz. 19 Diciembre 1898.
7.- José Rodríguez. Batallón de la Reina. 22 diciembre 1898.
8.- Antonio Muñoz. Batallón de Mallorca. 13 Enero 1899.
9.- Benito Peña. Administración Militar. 13 Enero 1899.
10.- Pedro García Pérez. Batallón de Guipúzcoa (Cuba). 30 Enero 1899
11.- Rafael Cáceres Rodríguez. Llegó al puerto de Cartagena en el trasatlántico francés “Masilia”, procedente de Matanzas (Cuba).1 Febrero 1899.
12.- Pedro García, de Vertientes. Batallón del Rey. 16 Febrero 1899.
13.- Andrés Hernández. Regimiento Alfonso XIII (Cuba). 20 Febrero 1899.
14.- Ramón Rueda Muñoz. Batallón Cazadores de la Patria, nº25. (Puerto Rico)

Así daba las gracias la prensa granadina a los voluntarios de la Cruz Roja que en todo momento atendían la llegada diaria de los soldados repatriados.

Diario “El Popular”. Edición del 10 octubre de 1898.

“La Comisión de la Cruz Roja de esta capital, socorrieron a los repatriados, prodigándoles todo género de consuelos.
Dios les pague a esto hijos de la caridad los valiosísimos trabajos que vienen llevando a cabo con la ímproba labor de estar postulando en las calles durante el día, y sin sentir cansancio acuden a la llegada de los trenes a repartir entre los repatriados el fruto de la bendita caridad.
Ánimo, compañeros, que vuestros trabajos Dios los premiará como hace la opinión sensata de Granada tributando a la Cruz Roja sus felicitaciones y entusiastas aplausos.”




EPÍLOGO.- El Último de Cuba

Para finalizar este trabajo hemos querido rescatar la figura de un militar cullarense, que llegó a ser Comandante durante la Guerra de Cuba, y que logró vivir más de 100 años, se trata del Capitán de Infantería D. Ramón Martínez Sánchez (Nacido en Cúllar en 1843), y cuya extensa e interesante hoja de servicios la encontramos en este artículo publicado por el Diario Patria en Octubre de 1943, a raíz del homenaje que le brindó el Ayuntamiento de Cúllar con motivo de su Centenario.






domingo, 21 de abril de 2019

Los Baños Árabes de Cúllar y la histórica Fuente de Al Chimuza.

  Con motivo de la reciente recuperación y reforma del entorno de los Caños de Al Chimuza, el Ayuntamiento de Cúllar me solicitó alguna información histórica sobre esta fuente cullarense y sobre su pasado más reciente, solicitud a la que respondí gratamente con este pequeño texto, que hoy día aparece, en forma de panel y junto a los caños referidos, para información de vecinos y visitantes.
Adrián Castillo Fernández


                Breve historia de los  Caños de Al-Chimuza

Los Caños de Al-Chimuza formaban parte de la red de fuentes y abrevaderos públicos existentes en la Villa de Cúllar, desde tiempo inmemorial, y que junto con la Fuente de la Tejera, el Caño del Cencerro (junto al antiguo Lavadero) y los Caños de San Sebastián, conformaban los principales nacimientos de agua dentro del casco urbano de Cúllar.

En el caso del Caño de Al-Chimuza, éste se encontraba situado en el Pago y Calle del Baño, debido a que este manantial eran la principal fuente de agua del antiguo Baño Árabe de la Villa o hamman, y que surtía del preciado elemento a este edificio musulmán, lugar de reunión, descanso y relajación.

La referencia más antigua a estas aguas y al Paraje del Baño árabe de Cúllar, la encontramos en el Siglo XV, concretamente el 28 de Julio de 1492, cuando D. Enrique Enríquez, Alcalde y Justicia Mayor de la recién conquistada Ciudad de Baza y su Tierra, y a la par, tío del Rey Fernando el Católico, lo adquirió para sí mismo, levantando acta de la toma de posesión del Baño de la Villa:

“E tomo propiedad e señorío de él, echo fuera a Alí Hoayçi e a Fotó, moros bañeros, vecinos de la dicha Villa de Cúllar, y en señal de la dicha posesión del dicho Baño, cerró la puertas principales de dicho Baño, y estando así dentro cuanto quiso, paseándose por el e faciendo actos de posesión, abrió las puertas e dijo que se apoderaba e apodero civil e corporalmente de la dicha tenencia e juro del Señorío de dicho Baño”.

Desaparecidos los baños, el lugar se transformó en fuente pública y abrevadero para los animales de carga, ganados  y caballerías, por su cercanía a la Vega cullarense, y por ser sitio habitual de paso de vecinos y viajeros que transitaban por el Camino Real de Granada a Murcia.

A mitad del Siglo XVIII, concretamente en 1755, el lugar se encontraba muy deteriorado, y el Ayuntamiento de Cúllar decidió realizar obras para sanear todo el paraje: “Y en cuanto a que el Pilar de El Baño se halla muy deteriorado, así que las aguas están entretenidas y se van por otros conductos, y todo son lapacheros y charcos. Acordaron Sus Mercedes, se ponga en ejecución dichas obras, y se pague los Maestros que se necesite, mandando traer caleras, yeso y piedras a fin de que se haga con la brevedad posible, y concluidas dichas obras se pondrá lo siguiente: Esta obra se ha hecho a costa de los vecinos de esta Villa de Cúllar, con día, mes y año de su conclusión, siendo Gobernador de dicha Villa y Capitulares los que componen su Concejo”.



(Fotografía mas antigua de los Caños de Al Chimuza, realizada en 1914 por D. Manuel Velázquez de Castro y Echevarri, facilitada por su nieto José Velázquez de Castro y García)


Ya en el Siglo XIX, y tras la terrible Epidemia de Cólera Morbo de 1885, que acabó con la vida de más de medio centenar de vecinos, el ayuntamiento cullarense, como medida sanitaria, determina realizar obras de ornato e higiene del lugar para evitar otro rebrote del cólera en la población:  “ Se aprueba el expediente de obras públicas municipales para la recomposición de las Fuentes Públicas del Cencerro, San Sebastián y Alchimuza, que se encuentran en muy mal estado, y que es preciso arreglar antes el verano para evitar en lo posible la reproducción de la Epidemia de Cólera del año pasado.”

El aspecto actual, y más reciente, de esta histórica Fuente y Abrevadero, con su muro de piedra, es de mitad del Siglo XX, cuando en 1955, y dentro proyecto de urbanización, saneamiento y acceso a esta población desde la nueva Carretera de Murcia a Granada en este sitio, el Ayuntamiento aprueba “la construcción de un muro de contención en la Calle del Baño, de 34 metros cúbicos de mampostería con el correspondiente enfoscado de cal, grasa y cemento en 48 metros cuadrados, así como el movimiento de tierras hasta su terminación , sobrepasando en su altura al referido muro 50 centímetros el nivel de la Calle Baño, así como la pavimentación de la Calle denominada Alchimuza, con 128 metros cuadrados de empedrado, más 12 metros lineales de embovedado, hasta su terminación en el arranque de la vía de acceso a esta población y en la travesía de la Carretera Jerez a Cartagena y sitio conocido por Alchimuza.”

Finalmente, con la llegad del agua potable a las casas de todo el vecindario, en los años 70 del Siglo pasado, sumado a la continua desaparición de los animales de carga y caballerías del mundo rural, y para evitar problemas higiénico-sanitarios con las aguas de esta fuente inmemorial, el caño fue clausurado, y el vetusto abrevadero desapareció del casco antiguo de la población.

Así permaneció oculto y olvidado hasta su recuperación histórica y patrimonial en la primavera del año 2019.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Guerra de la Independencia en Cúllar: La Larga Marcha de Mayo de 1812

Durante la Guerra de la Independencia Española, la Villa de Cúllar, como casi todo el resto de localidades de la Comarca de Baza y Huéscar, sufrieron la dominación de los Ejércitos Napoleónicos durante espacio de dos años, desde la primavera de 1810 en que las tropas del General francés Horace Sebastiani llegaron por primera vez al Altiplano Granadino, hasta septiembre de 1812 en que tuvo lugar la retirada definitiva del Ejército Francés de toda Andalucía.


(General francés D. Horace Sebastiani)

Durante todo ese periodo, Cúllar, al estar situada en el Camino Real de Granada a Murcia, fue liberada temporalmente varias veces, gracias a las diversas ofensivas de las Tropas Españolas que se encontraban acantonadas en el vecino Reino de Murcia.

Una de las más importantes acciones del Ejercito Español, fue la que tuvo como objetivo la toma de Baza y la expulsión de los franceses en retirada hasta la Venta del Baúl, donde se hicieron fuertes debido a lo escarpado del terreno y la oposición de las tropas enemigas procedentes de Guadix y Granada.

Ante la imposibilidad de continuar con la ofensiva, el responsable máximo de la vanguardia española, el General de Caballería Don Manuel Freire, decidió a primeras horas de la noche del 17 de mayo de 1812, proceder a la retirada de sus tropas hacia Baza y Cúllar, toda vez que la presencia cada vez más numerosa de soldados franceses, hacía imposible mantener por más tiempo aquella posición.


(General D. Manuel Freire de Andrade y Armijo)

A las 12 de la madrugada de aquel día mandó abandonar sus posiciones sobre el Barranco de la Venta del Baúl, y de manera silenciosa y escalonada, los regimientos españoles emprendieron una larga marcha, que les haría recorrer, en tan solo 36 horas, las más de 20 leguas,  casi 100 kilómetros, que separan dicho lugar de la villa de Vélez Rubio.


(Mapa de la época donde se puede visualizar el recorrido realizado por las Tropas Españolas.)

Esta es la epopeya que vivieron aquellos esforzados héroes anónimos de la Guerra de la Independencia, durante los dos incansables días de marcha a pie y a caballo, con las tropas francesas pisándoles los talones y atacándoles continuamente desde la retaguardia. El resultado más de 20 soldados y oficiales españoles muertos, tres centenares de prisioneros en manos francesas, y casi un millar de dispersos o desaparecidos, la mayoría de ellos después de enfrentarse en el Barrio de las Eras de Cúllar al ejercito invasor.

Este es el Parte Oficial de Guerra redactado semanas más tarde por el Cuartel General del 3er. Ejército, con base en Lorca, de esta incursión y posterior repliegue de las fuerzas españolas.
  
  Parte de Guerra referente al movimiento ejecutado por la División de Vanguardia al mando del General D. Manuel Freire en el domingo 17 del actual y ocurrencias en el día de esa jornada:

 “A las 12 de la noche se puso en retirada desde la línea de la Venta del Baúl, la sección de Infantería con dos piezas de Artillería ligera, y a la media hora después de aquella la emprendió la Sección de Caballería  que constaba de 460 caballos.

A la madrugada pasó la Infantería por Baza, y a las 5 y media de la mañana llegó al Río de Baza donde hizo un pequeño alto, siguiéndole la Artillería sin detenerse para Cúllar, escoltada por el 2º Regimiento Provisional de Caballería. Después de pasar el Río la Infantería y cuando principiaba a subir por los recodos o callejones que forman las alturas de uno y otro lado del camino, se veían por Cuesta Blanca, una legua distante de Baza, la tropas francesas que se acercaban a todo galope.

 Al subir al llano nuestra  Infantería, vieron que ya salían las guerrillas enemigas de Baza, entre tanto el grueso de su Caballería se acercaba al nuestro Regimiento al trote y cayendo sobre nuestras columnas, que algunas se hallaban en movimiento para pasar el Río y desfiladero inmediato y otras estaban en su entrada o embocadero, se introdujo el desorden en nuestra retaguardia, que defendiendo a los Cuerpos que se hallaban marchando, resulto parte de ella prisionera., tomando varias direcciones sobre los flancos los que quedaron atrasados del enemigo y pudieron no caer en sus manos.




En este estado el Mariscal de Campo D. Manuel Freire, dispuso que las tres Compañías del Regimiento de las Alpujarras que venían a retaguardia de la columna de Infantería tomasen posición en las pequeñas alturas sobre el camino, y a media legua de distancia del Río, lo que visto por el enemigo se contuvo y dio lugar a ordenarse nuestra Caballería, que en la Venta del Peral se reunió con la Sección de Infantería, continuando esta su marcha con el mayor orden hasta Cúllar, donde hizo alto y tomó posiciones.

La Caballería llegó a la Villa de Cúllar a las 9 y media de la mañana y formó en batalla en las alturas que dominan el pueblo y sobre el Camino Real que va a Vertientes.

A las 3 de la tarde, reforzados los enemigos con su Infantería, principiaron a marchar para atacar el pueblo de Cúllar, por cuya razón emprendió la retirada nuestra vanguardia en dos columnas, la 1ª compuesta de los Cuerpos de Caballería y la 2ª de los de Infantería dividiéndose en dos diferentes direcciones, esta última por el camino de herradura que corre inmediato a las Sierras del Periate, y la otra por el de Orce y María viniendo a reunirse a la legua de Cúllar los dos caminos.

Luego que los enemigos entraron en Cúllar, se extendieron rápidamente por el Camino de Vertientes, cogieron algunos carros que llevaban 2.000 raciones de pan y alguna cebada. La Compañía de Cazadores de Alpujarras cuándo se retiraba a incorporarse a su Cuerpo, se halló con los enemigos en la Eras del pueblo y en ese encuentro fue dispersada y parte prisionera.

Los enemigos siguieron con guerrillas a los nuestros y  se dejaron ver escuadrones que marchaban en prolongación de su flanco izquierdo en dirección a Orce, con el objeto al parecer de seguir la marcha que llevaba nuestra Artillería.

A la legua de Cúllar, hizo alto nuestra Caballería para esperar a la Sección de Infantería que bajase y atravesase una pequeña llanura, verificado, se puso aquella en movimiento por escalones, destacándose la Brigada de Carabineros Reales y el Escuadrón Alejandro Farnesio para conservar el flanco izquierdo que estaba amenazado por la Caballería enemiga.

En las Vertientes hicieron alto las dos armas y descansó la tropa por espacio de dos horas, al llegar la noche se emprendió la marcha descendiendo el Camino Real para Vélez Rubio, llegando a media noche al Chirivel, donde se hizo un alto de hora de hora y media, y prosiguió sola la Infantería.

Al salir el sol del siguiente día, lunes 18, prosiguió su marcha la Caballería al citado punto de Vélez Rubio, donde llegó a las 8 de la mañana y encontró allí a la Sección de Infantería que lo estaba desde las 6 de la misma”.

Días después se publicó el Listado oficial de bajas, prisioneros y dispersos. Durante aquella larga marcha fallecieron 20 soldados y oficiales, más de 300 fueron hechos prisioneros, mientras que 969 huyeron y fueron catalogados como extraviados o dispersos. Se perdieron también mas de 200 caballos.


(Parte Oficial de Bajas Ejército Español)
Fuente: Archivos PARES

El 22 de mayo, y desde Lorca, el General Freire explicaba en su propio informe militar los motivos de tantos hombres desaparecidos.

“Las causas de esta disminución no puedo atribuirlas sino al cansancio del soldado, a su mal calzado, a la oscuridad de la noche, a la facilidad con que son acogidos en los pueblos, como hijos del País, y a la esperanza de mejorar su suerte en las Partidas donde los trabajos y riesgos son menos, y mayor la libertad e indisciplina.
Me he convencido que los Jefes de Cuerpos y el Brigadier Luis Michelena, y los Oficiales de Estado Mayor han trabajado con el mayor celo, pero es imposible contener a los soldados que en la oscuridad escogían el momento de evadirse entre arboledas y matorrales; el no haber comido rancho el 17 fue también una razón para su desfallecimiento, y el haber andado por los montes y peñascales con una ligera alpargata, y sin el menor resguardo, desnuda la pierna, ocasionó vejigas, hinchazón y aún heridas en crecido número de soldados, lo cual les inutilizó para seguir el movimiento.”




Sirva desde aquí nuestro recuerdo a aquellos esforzados hombres que, heroicamente y sin apenas vestuario y pertrechos, fueron protagonistas de aquella infatigable y larga “Gran Marcha”.

martes, 5 de septiembre de 2017

Don Nicolás Antonio Gómez del Pozo: Santa Inquisición y Poder en la Villa de Cúllar durante el Siglo XVIII.





A menudo cuando paseamos por el casco histórico de Cúllar, solemos no prestar atención a lugares o rincones que guardan tras de sí ocultos pasajes de nuestra historia local.

Este es el caso de la antigua casa solariega que ocupa el nº12 de la actual Calle Mayor (antigua Calle Real), y que es un claro exponente de la arquitectura levantino-granadina, de inspiración neoclásica, del tercer cuarto del Siglo XVIII.

(Vista parcial de la Calle Mayor y  Porche, al fondo la casa nº12)

Si nos fijamos detenidamente, observaremos sobre el dintel de la puerta principal un escudo en piedra, donde aparecen símbolos como una cruz con espinas en la parte central, a la derecha una espada y a la izquierda una rama, que representa un olivo. Abajo y cerrando el escudo, encontramos una granada, en clara referencia el antiguo Reino de Granada.





Y ahora, en un ejercicio de comparación artística, observemos con detalle este otro escudo, extraído de una ilustración del Siglo XVIII. 



Efectivamente, son el mismo escudo genealógico, y ambos representan el emblema original del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición del Reino de Granada.


¿Qué hace un escudo como este en un edificio histórico cullarense? ¿Quién o quienes construyeron y vivieron en esta mansión? ¿Por qué es tan similar al actual escudo del Ayuntamiento de Cúllar?

Todas estas preguntas, y algunas más, intentaremos contestarlas en el siguiente artículo que ha supuesto años de documentación e investigación, para ofrecer algo de luz en otro interesante pasaje de la historia de nuestro pueblo.

Las primeras referencias que tenemos a esta casa aristocrática, las encontramos en los datos que nos aporta el Catastro de Ensenada de 1752 respecto a nuestra localidad. En una de las relaciones de las casas que conformaban el casco antiguo de Cúllar, en concreto la de Polonia Marín, viuda, dice así: “Una casa en la Calle que llaman el Porche de Don Lucas Gómez”.

De inmediato nos pusimos sobre la pista sobre el referido Lucas Gómez, a la sazón Escribano de la Villa, y en el catálogo de sus bienes que aparece en el citado Catastro, encontramos la siguiente descripción: “Una casa en el Barrio de San Sebastián y Calle Real, con dos determinados, un pajar, una caballeriza y dos corrales. Tiene ocho varas de frente y treinta y dos de fondo, linda al Sur con la Calle Real.”

No había duda, por sus dimensiones y situación, podía tratarse de la actual casa nº 12 de la Calle Mayor. Ahora había que encontrar que relación guardaba el edificio con la Santa Inquisición. Y la respuesta nos la dio la documentación histórica, cuando encontramos en el Archivo de Protocolos Notariales de Granada, el testamento de uno de los hijos de D. Lucas Gómez del Pozo, que en su última voluntad hace referencia a su linaje y a sus empleos honoríficos: “Yo, D. Nicolás Antonio Gómez del Pozo, hijo legítimo de legítimo matrimonio de D. Lucas Gómez y Dª. Juliana Contreras, natural y vecino de esta Villa de Cúllar, Escribano de Número y Cabildo de esta dicha Villa, y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición de este Reino de Granada” (…)

Pero ¿Quién era D. Nicolás Antonio Gómez? ¿Cómo pudo acumular tanto poder y cargos, en la Villa de Cúllar, y en gran parte de la Comarcas de Baza y Huéscar durante la segunda mitad del Siglo XVIII ?

Este es el comienzo de la extraordinaria y  dilata vida de uno de los cullarenses más importantes de nuestra historia local.


(Unas de las primeras firmas del joven D. Nicolás A. Gómez)

Nicolás Antonio Gómez del Pozo y Contreras, nació en la Villa de Cúllar en 1725. Era hijo del escribano cullarense D. Lucas Gómez del Pozo y de Dª Doña Juliana Contreras Riquelme y Campuzano, está ultima natural de la Ciudad de Granada, del Barrio de San Matías.

D. Nicolás fue el segundo de los hijos que tuvo este matrimonio, su hermano mayor D. Torcuato Gómez, era siete años mayor que él, y como primogénito le correspondió continuar con el oficio de escribano familiar, hasta que debido su repentina muerte, el oficio recayó en D. Nicolás, tras su fallecimiento.

Los Gómez del Pozo representaban unas de las familias más importantes y acaudaladas de la época, naturales de Cúllar generación tras generación, se conjetura que pudieran ser descendientes de Luis Gómez y Álvaro Gómez, moriscos cullarenses de finales del Siglo XVI, que tras la expulsión ordenada por Felipe II, fueron de los pocos que pudieron quedarse en la Villa, toda vez que fueron nombrados Seises o Peritos repartidores, por su antiguos conocimientos del sistema de regadíos, tierras, derechos de pastos, caza, aprovechamiento de montes, etc…

Pero 120 años después, su supuesta “mancha de sangre” había desaparecido, toda vez que se habían integrado perfectamente en la nueva sociedad cristiana, ocupando, como veremos, notables puestos en la administración local y religiosa.

El padre de nuestro personaje, D. Lucas Gómez del Pozo, obtuvo en 1718 el nombramiento del Rey Felipe IV como Escribano de Número y del Concejo de la Villa de Cúllar. El oficio de Escribano de Número, los notarios de la época, era uno de los empleos públicos más demandados, tanto por el prestigio social que producía, como por los privilegios económicos y jurídicos que conllevaba. Además, como de Escribano del Concejo de la Villa, era también el encargado de asistir a las Juntas o sesiones del Ayuntamiento o Concejo y autorizar sus acuerdos o resoluciones, tal como lo es en la actualidad el Secretario Municipal.

D. Lucas Gómez ejerció de Escribano un cuarto de siglo, hasta que en 1743, y con 50 años de edad, por motivos que desconocemos, decidió renunciar al empleo a favor de su hijo mayor, D. Torcuato Gómez, a la sazón de tan solo 26 años, algo muy normal en aquellos tiempos, toda vez que el Oficio de Escribano era a perpetuidad, y se podía traspasar de padres a hijos.

Por su parte, el hijo menor y nuestro protagonista, D. Nicolás Antonio Gómez, como “segundón” de la casa familiar, tuvo que iniciar la carrera eclesiástica, carrera que fue bastante corta por los sucesos que vendrían después. En marzo de 1746, con 21 años, lo encontramos formando parte de los 15 eclesiásticos que conformaban el estamento religioso de Cúllar, como acólito en la Iglesia Parroquial.

Años después, en 1752, según los datos extraídos del Catastro de Ensenada, D. Nicolás aparece como tratante o agente “que comercia con caudal”, soltero, y viviendo en una casa con huerta de su propiedad, que tenía junto al Pago del Baño y Fuente de Archimuza.

Pero volvamos a la Casa Familiar. En ella vivía el anciano D. Lucas, ya viudo, acompañado de su hijo mayor, el escribano D. Torcuato Gómez. Este se había casado años atrás con Dª Isabel Romero y Baena, perteneciente a una de las familias más significativas de Cúllar en el Siglo XVIII. Pero de este matrimonio no hubo hijos, toda vez que la esposa murió muy joven, y el dicho Torcuato no volvió a casarse. Por su parte, y como era normal habitual, D. Nicolás Antonio contrae matrimonio, en 1755, con la cuñada de su hermano, Dª Antonia Romero y Baena, que sería su esposa hasta el final de los días. Desgraciadamente este matrimonio tampoco tendría descendencia, como veremos.

De repente, todo cambia para nuestro protagonista, cuando en el espacio de menos de dos años, fallecen su padre, primero, y posteriormente su hermano Torcuato, en el verano de 1756, de forma repentina. Automáticamente, Don Nicolás Gómez queda como único y universal heredero, por lo que todos los bienes, propiedades  e inmuebles de la familia pasan a pertenecerle, y entre ellos el Oficio de Escribano, que habían ejercido su padre y su hermano después.

Comienza a partir de ese momento el verdadero ascenso social de D. Nicolás Antonio. Un proceso que se prolongó durante toda su vida y que le llevo a ocupar diversos y sustanciosos empleos y cargos honoríficos, algo hasta entonces jamás visto en nuestra localidad, y en casi todo el Reino de Granada.



(Aspecto de la Casa de los Gómez del Pozo según una fotografía de principios del Siglo XX)

En las siguientes tres décadas acumuló  los siguientes nombramientos y prebendas, que le hicieron ser el hombre más poderoso de Cúllar en la segunda mitad del Siglo XVIII.

En primer lugar, como Escribano de Número y como Escribano del Ayuntamiento, por sus manos pasaba toda la documentación oficial que llegaba al municipio, a la vez que como notario público, tenía acceso a toda la información particular de testamentos, compra ventas, escrituras privadas y demás documentos que se generaban en su despacho de escribanía.

Además el Señor de la Villa de Cúllar, en aquel entonces, D. Tomás de Montenegro, residente en Cartagena, le había nombrado Administrador de todos sus bienes en la Jurisdicción (como anteriormente había sido su padre, D. Lucas) entre ellos:  “la casa principal del Señorío, la casa mesón que hay en la Plaza Pública, casa y tierras del Cortijo que llaman de Santa Bárbara, alias el Charcón, el Cortijo de la Cueva, el Cortijo de la Hinojodra y otro cortijo en el Partido de Vertientes, cuyos bienes pertenecen a dicho Mayorazgo.” Sin olvidar, que esto implicaba que D. Nicolás Gómez era también el administrador de las rentas y diezmos que cada año recogía el Señor de la Villa en todo el término municipal, de los vecinos y labradores, así como los impuestos de las Alcabalas, Tercias y Penas de Cámara, que suponían miles de reales cada año.

Por si estos empleos fueran poco, a estos cargos se les añadió el de responsable del Negociado de Montes de la Villa, nombramiento que obtuvo en 1766, merced a un despacho de la Intendencia de Marina de Departamento de Cartagena, a la que por entonces pertenecían todos los montes de la Jurisdicción cullarense, cuya madera se  utilizaba en la construcción de barcos y navíos para la Real Armada.  Este empleo le serviría para obtener importantes cantidades monetarias por las licencias de talas de árboles, y sobre todo, de las multas y denuncias por cortes ilegales de pinos y carrascas, tan habitual en aquellos tiempos, además de tener a su cargo a los temidos Guardias de Montes, verdadera policía rural de la época.

Pero no solo obtuvo durante su dilatada vida prebendas materiales, sino que D. Nicolás Antonio Gómez, supo también granjearse beneficios espirituales o religiosos. Sin duda durante sus años de formación eclesiástica consiguió establecer lazos de confraternidad con miembros del estado eclesiástico de la comarca y de fuera de ella, de esta manera logró ser nombrado Procurador Ecónomo y Síndico de dos de los principales conventos de los alrededores; el de los Padres Franciscanos Descalzos de Huéscar y el de San Antonio de Padua en Caniles. A la postre este nombramiento significaba gestionar y controlar todos los bienes económicos de dos de los principales conventos del Altiplano, a la vez que se le guardaban una serie privilegios y excepciones, como la de alojar soldados y gente de armas en sus casas, y la exoneración del pago de algunos impuestos y cargas concejiles.

Su fama de hombre respetable, piadoso y devoto, unido a todo lo demás, le sirvió para obtener el ministerio más deseado en aquel tiempo para un hombre como él, ser nombrado Familiar del Santo Oficio de la Inquisición en Cúllar.

Los Familiares de la Santa Inquisición, era personas laicas que ejercían en los pueblos y ciudades labores menores dentro del Santo Tribunal. Sin necesidad de tener ningún tipo de voto monástico ni ingresar en el clero, sus funciones eran las de informar de todo lo que fuera de interés para la institución y ocurriera dentro de la sociedad en la que estaban integrados, como una tupida red de espionaje o servicio de información, además de intervenir en la toma de declaraciones, diligencias inquisitoriales y arresto de reos. Se beneficiaban económicamente de sus delaciones, además de estar protegidos ellos mismos de una posible persecución por las mismas causas que informaban. Convertirse en Familiar era considerado un honor, ya que suponía un reconocimiento público de limpieza de sangre y llevaba además aparejados ciertos privilegios, entre ellos, que podían portar armas. Sin olvidar, por supuesto, el poder moral sobre el resto de vecinos que este cargo conllevaba.

Y aunque a finales del Siglo XVIII, la Inquisición de Granada nada tenía que ver ya con el ímpetu persecutorio de siglos anteriores contra herejes, judíos y moriscos, todavía formaba parte importante de la sociedad granadina y de su jerarquía social. En este sentido, hemos de decir en favor de D. Nicolás Gómez, que durante los años en que fue Familiar del Santo Oficio, no se produjo ningún procesamiento grave contra vecino alguno de Cúllar.

Con el paso del tiempo, todos estos cargos y empleos que llegó a ostentar el protagonista de nuestra historia, le valieron para acumular un importantísimo patrimonio en bienes y en dinero. 

En 1773, D. Nicolás Antonio Gómez aparece en los listados de repartimiento de las llamadas Rentas Provinciales, como el tercer hacendado de la localidad que más contribuía por su patrimonio y consumo a este impuesto real. Además, era propietario de diferentes cabañas de ganado lanar y cabrío, lo que le suponía ingresos extraordinarios por la venta de la carne, y sobre todo de la lana. En 1782, figura como el principal productor de lana de la Villa con más de 498 arrobas, casi el 30% de la producción total de todos los ganaderos cullarenses. Además poseía una importante yeguada de caballos, jacas y potros, así como de mulos y muletos.

Pero no solo era un próspero ganadero, ya que también, gracias a sus innumerables fincas en El Margen y en la Vega de Cúllar, era un afamado cultivador de viñas, que le generaban cada año más de 200 arrobas de vino del país, caldo que guardaba celosamente en las bodegas de su casa (bodegas que aún existen), y donde también disponía de una cabeza de alambique, para elaborar el apreciado aguardiente. 

Todo ello se completaba con lo que obtenía del alquiler de un horno “de pan cocer”, y del llamado Mesón de Abajo, ambos suyos propios, que se encontraban en las inmediaciones de la Placeta de San Sebastián, y que dieron nombre al popular Barrio Mesones de nuestra localidad.

Sobre cómo era realmente en su vida diaria y su forma de ser, poco sabemos, aunque sin duda representaba la mentalidad propia de la época en su manera de actuar y ejercer el descomunal poder que había conseguido. 

Como anécdota, podemos hacer presente el siguiente suceso que tuvo lugar en 1793, cuando ya anciano y achacoso había dejado de ser el Escribano del Ayuntamiento, pero aún intimidaba incluso a los peritos municipales a la hora de realizar las listas cobratorias del municipio: “Dijeron no podían aceptar el modo alguno dicho nombramiento de Peritos para el Repartimiento de Impuestos, por cuanto, de muchos años a esta parte, se había hecho el Repartimiento en las casas de D. Nicolás Gómez, siendo su voluntad señalarse la cuota que se le antojase a dicho señor, lo que se le ha tolerado por su poderío y temor a sufrir un pleito costoso. Por lo que se excusan de cumplir con el referido nombramiento de Peritos en el ínterin que dure el miedo y el temor al expresado Gómez, y cobardía de estos vecinos a no exponerse a perder y gastar sus cortos bienes en disputas.”

Aunque en los últimos años de su existencia, todo apunta a que se volvió más tolerante y conciliador, sobre todo a raíz de la llegada de las ideas reformistas que trajo a nuestro país la llamada Ilustración Europea. De hecho, D. Nicolás Antonio Gómez, aparece como miembro fundador de la Sociedad Económica de Amigos del País de Baza, un organismo creado al amparo de las Leyes ilustradas de la época, y que pretendía modernizar España a través del fomento de la agricultura, el comercio, las artes y la educación de las clases populares.

Pero sin duda, su última gran voluntad, junto con la de su esposa, Dª Antonia Romero, fue la constitución de un patronato para el establecimiento en Cúllar de una Cátedra de Latinidad. Este tipo de centros educativos de enseñanza secundaria o preuniversitaria, permitían acceder a los conocimientos de latín y gramática necesarios para emprender los estudios superiores en las universidades. 

En nuestro localidad tan solo existía un Maestro de Primeras y Segundas Letras, por lo que los alumnos aventajados, cuyas familias no disponían de recursos económicos, se veían obligados a abandonar los estudios en sus primeros años. Con este objetivo, el matrimonio formado por D. Nicolás y Dª Antonia, dispuso en su testamento la creación de este patronato, así como los fondos necesarios para su constitución:

“Declaro, que a nombre de ambos y al tiempo de mi disposición testamentaria, ordené se fundase y dotase en esta Villa de Cúllar, una Cátedra para Precepción de Gramática, con el plausible objeto, de que los naturales de ella y forasteros circunvecinos y comarcanos tuviesen educación, sin el gravamen y riesgo que a que están sujetos los padres, parientes y deudos, cuando se ven en la precisión de ponerlos en otro pueblos a pupilos, en que se experimenta, que de los pocos que salen, se pierden y extravían algunos, con notable perjuicio, por falta de medios para pagar Pupilaje y Preceptor. Y con reflexión de que esta Villa se compone de un crecido vecindario, más de 800 moradores en cortijos y en la población, establezco y fundo para siempre jamás en esta dicha Villa, la Pía Memoria de una Cátedra de Gramática, asignándole para su dotación y sustento del maestro Preceptor, 300 ducados en cada un año, en bienes y raíces que estoy disponiendo comprar a favor de dicha obra Pía, la cual desde ahora pondré los medios para que en el presente año tenga cumplido y debido efecto, pagando yo por ahora de mis bienes al Preceptor que sea elegido, y si entre tanto no hubiese comprado los bienes suficientes para su dotación, y la muerte me sacare de este mundo sin haberlo cumplido, desde luego consigno para ello una partida tierras de regadío que poseo en el Pago de la Amarguilla, distante una legua de esta población, en lo cual deben interesarse también los Patronos, que lo han de ser el Señor Cura y los Señores Beneficiados que al presente son, y en adelante fuesen. Y si las haciendas de dicho Cortijo de la Amarguilla no redituasen los dichos 300 ducados, puedan requerir a mis herederos para que entre todos ellos, señalen los competentes hasta el integro cumplimento de los mencionados ducados.”

Por desgracia, ambos esposos nunca llegaron a ver en vida la fundación de esta Cátedra, pero tras años de burocracia y enredos testamentarios, finalmente en 1804 el Rey Carlos IV, decretaba la creación de esta obra Pía, y aprobaba sus estatutos, cumpliéndose finalmente la última voluntad de D. Nicolás Gómez y Dª Antonia Romero. 

Esta institución educativa seguiría funcionando en Cúllar muchos años, siendo sus aulas las paredes de la desaparecida Ermita del Ángel, hasta que en 1826, por falta de fondos y dotaciones, quedó extinguida.

El 4 de abril de 1796, a los 71 años de edad, fallecía D. Nicolás Antonio Gómez. Su mujer le seguiría a la tumba tan solo veintisiete meses después, el 29 de junio de 1798.

Sus cuerpos fue enterrados en la zona más distinguida de Iglesia de la Anunciación cullarense, toda vez que tenían licencia del Obispo de Guadix para ser sepultados en un lugar de privilegio: “Que mi cuerpo sea cubierto y amortajado con los hábitos, correa y cordón de San Francisco y Santo Domingo, así mismo en el interior con el Escapulario o divisa de los hermanos de la Cofradía de la Virgen del Carmen de esta Villa de Cúllar, quiero sea depositado el ataúd en su Iglesia Parroquial, en sepultura que tengo propia, y que hemos ofrendado el dicho mi marido y yo hasta el presente, y confirmado en las Santas Visitas del Sr. Obispo, y está al lado del Evangelio, en la Capilla Mayor de la citada Iglesia.”



(Primera página del testamento de D. Nicolás A. Gómez)

Gracias a su extenso testamento, hemos podido acercarnos a la vida y muerte de este importante cullarense, que en sus últimos años no dejó de ser un hombre muy piadoso y  a la vez opulento, uno de los más acaudalados de la Comarca de Baza. Así lo refleja su última voluntad, cuando enfermo y anciano, ordena que, de su incalculable fortuna, se digan por su alma tras su fallecimiento, la descomunal cifra de 20.000 misas rezadas. Exactamente la misma cantidad de rogativas y plegarias, que el difunto Rey Carlos III, contemporáneo suyo, dejó dispuestas en su real testamento, ocho años antes. Arte y figura….

Desgraciadamente, nunca sabremos si todas estas misas testamentales, que el viejo D. Nicolás Antonio mandó se dijeran por su alma, se correspondían con su píos y devotos sentimientos, o por el contrario, se debieron a las innumerables culpas y pecados que arrastró durante su dilatada y fascinante vida.



(Una de las últimas firmas D. Nicolás A. Gómez, ya enfermo y anciano) 


Epílogo

A mediados de los años ochenta del siglo pasado, el nuevo Ayuntamiento democrático cullarense remitió, al parecer, a la Asociación Española de Estudios Genealógicos y Heráldicos, un boceto con el escudo municipal para su aprobación oficial.

Quizás por desconocimiento de los promotores o porque aún no habían salido a la luz los documentos que en este artículo hemos presentado, se optó por elegir  los mismos elementos que aparecen en el escudo de la casa nº 12 de la Calle Mayor de nuestra localidad, adornado con una serie de castillos y leones en su parte externa, para que sirviesen de base al pretendido escudo de la Villa.  

Los académicos de esta Asociación emitieron un informe desfavorable a las pretensiones del Ayuntamiento, alegando la falta de rigor histórico en la propuesta.

A pesar de ello, el municipio comenzó a utilizar el nuevo escudo diseñado, para sus documentos y actos oficiales. Es el mismo que, con ciertos retoques estilísticos, se sigue empleando en la actualidad.